Con el capital-riesgo a veces se pierde y a veces, las menos, se gana. Lo primero es lo que le ha ocurrido al fondo Talde con una de sus inversiones en Huesca. Se trata de Oscainox. que fabrica mobiliario de acero para hostelería, y que finalmente va a cerrar.

Talde había invertido en 2005 una cantidad que no se hizo pública para comprar el 95% de esta firma. La valoración podría superar los 30 millones de euros, que es lo que Oscainox tenía previsto facturar en 2006. Sin embargo, las cosas no fueron bien desde el principio y ya un año después Talde exigió el despido de 46 personas.

Además, la compañía ha perdido 5 millones de euros desde 2005. Según los datos que se han hecho públicos, mantener la firma abierta costaba 500.000 euros al mes, mientras que los pedidos únicamente totalizaban 8.000 euros. Negocio ruinoso, por tanto. Todavía quedaban 64 empleados, que recibirán una indemnización de 35 días por año trabajado más otros 1.400 euros. Esto es lo bueno del capital-riesgo: que no le gusta dejar marrones por allí por donde pasa.

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