Ganar 339 millones de euros e incrementar los resultados en un 10% en un año como el que acaba de terminar es impresionante. Y son datos reales, los de BBK en 2008. Se deben, sin duda, a una buena gestión de dos cracks como Xabier de Irala e Ignacio Sánchez Asiaín, que está dando sus frutos poco poco. Pero tiene más lecturas.

La BBK ha sido especialmente conservadora. Su ritmo de nuevas aperturas ha sido muy paulatino y sólo se ha producido en aquellas zonas en que la caja veía posibilidades de crecimiento de su negocio. No ha ido ligado a los caprichos de los promotores inmobiliarios, como ha sucedido con otras entidades. Sólo el 8% de la inversión crediticia de BBK tiene como destino constructoras y empresas de ese sector.

Su situación contrasta con las de La Caixa y Kutxa. La primera, embarcada en un ritmo de crecimiento desenfrenado, necesita mucha liquidez. La segunda, que se ató al sector inmobiliario, está tratando de recuperarse. Mientras BBK ha lucido sus números al poco de empezar 2008, Kutxa tan sólo habla de sus previsiones para el 2010, como si los datos del año pasado fuera mejor no mencionarlos. Algo tendría que ver con esto el sprint de la fusión.

La otra lectura positiva es que la BBK no ha cerrado el grifo. Asegura haber incrementado el un 16,6% el crédito a pequeñas empresas y comercios, claves en la economía vizcaína y que implican un riesgo mucho más reducido. Lo que toca ahora es aprovechar la crisis para apuntalar a la entidad y recuperar terreno perdido en otros tiempos. Del modelo de Caja Navarra se pueden aprender muchas cosas.

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