Me apasionan las batallitas entre lobbys, en la medida en que son la versión digital de las luchas primitivas entre machos para hacerse con la mejor hembra. Y el mejor espectáculo que estamos viviendo estos días es el que rodea a la fusión de las cajas, sobre todo en torno a la asamblea general de la Kutxa. Lo que trasciende es que hay una guerra a muerte entre unos intereses y otros.

Por una parte, están los partidos y sindicatos más tradicionales (PP, PSE y PNV, junto a, en principio, CC.OO.), que apoyan la fusión a través de la creación conjunta de un nuevo banco que estará controlado por la BBK y al que cederán toda su actividad. Es lo que se llama “proceso de bancarización”, en cuanto esta entidad financiera podrá operar en las mismas condiciones que cualquier otro banco privado. Tienen garantizada la mayoría en la Vital y en la BBK.

Por otra parte, están los sindicatos más nacionalistas y los partidos aliados en torno a Bildu (en principio, EA, Alternatiba y la antigua Batasuna, junto a ELA y LAB), que no rechazan la fusión pero sí la creación de un nuevo banco. Si se les suman EB y Aralar, controlarían cerca de un tercio de los votos de la asamblea de Kutxa, lo que les da capacidad de bloqueo si consiguen captar algún apoyo más.

La batalla tiene dos frentes: el de la opinión pública y el de las personas concretas que votarán en la asamblea general de Kutxa. La primera guerra se está jugando en los medios tradicionales, que uno y otro día recogen opiniones a favor de uno y otro sector. Vocento y Grupo Noticias apoyan la fusión, mientras Gara está en el otro lado.

Una fundación creada recientemente en Mondragón, Ekai Center, ha tratado de intermediar entre ambas posiciones, con algún que otro estudio, aunque excesivamente posicionado hacia el lado opositor. “Es un grave error estratégico, con evidentes repercusiones a medio plazo no sólo en la estructura financiera de nuestra Comunidad Autónoma, sino también en el tejido de pequeñas y medianas empresas y, en general, en la estructura socio-económica de este país”, ha escrito.

También hay periódicos, como El País, que han dado espacio a los partidarios de ambas posiciones, como a Oskar Matute y Ana Etxarte en un revelador artículo titulado “Mentiras en caja“. Sea como fuere, donde realmente se deciden las cosas es en principio en la asamblea de la Kutxa, donde 100 personas decidirán el futuro de la fusión. Los que están a favor necesitan que 67 les apoyen.

Así que los partidarios de la fusión han desplegado todas sus armas para tratar de captar votos. Resultado de este último esfuerzo es la decisión de dos disidentes de Alternatiba de votar a favor de la integración. Teniendo en cuenta lo que ocurrió recientemente con las negociaciones para elegir al diputado general de Alava, intentos de prebenda incluidos, este cambio de criterio resulta sumamente sospechoso. De hecho, Deia reconoce hoy mismo que Javier Madrazo negoció puestos en el consejo de administración de la futura caja vasca a cambio de su apoyo al proyecto.

Sea como fuere, ésta es mi opinión sobre este tema:

- Las cajas vascas están mejor gestionadas que las del resto de España, aunque en Kutxa también han hecho de las suyas. Eso sí, el riesgo de que una caja haga lo que les interesa a los políticos y no lo que conviene a sus accionistas es muy elevado, como lo han demostrado sobradamente los casos de la CAM, CCM o CajaSur.

- Las cajas necesitan un cambio de raíz. Hay que decir bien alto y claro que una caja de ahorros es mucho más opaca que un banco, lo que resulta particularmente grave. Sirva un ejemplo: no es posible saber lo que cobra el presidente de BBK pero sí sabemos lo que cobra el presidente del BBVA. Esta situación no es casual: a los políticos les interesa que sea así, para seguir haciendo y deshaciendo a su gusto. O bien reformamos todo el sistema para aumentar su transparencia, lo que redundaría a la larga en que tuvieran más dificultades para hacer lo que a los políticos les interesa, o bien las pseudo-privatizamos para que al menos tengan el mismo régimen de controles que el resto de empresas que cotizan en Bolsa. Es decir, que hay que rehacer el sistema. Afortunadamente, como nadie ha tenido valor para hacerlo, ha venido San Crisis para forzarlo.

- Hoy en día las cajas apenas aportan nada a la sociedad. Su santificada obra social es hoy una suma de patrocinios discrecionales que no tienen necesariamente relación con el interés general. Lo único que distingue, en este sentido, a una caja de la fundación de un banco es el porcentaje de los beneficios que va destinado a esta partida. Pero esta diferencia está desapareciendo por una peor gestión. Además, cada día hay más obras sociales que gestiona la Administración pública, en detrimento de la antigua labor de beneficencia de las cajas. Y sea como fuere, la obra social no tiene por qué variar con la bancarización. De hecho, existe un compromiso de que se mantenga en el 30% de los beneficios.

- Entre las pocas cosas que las cajas siguen haciendo bien está la participación en empresas consideradas estratégicas. El caso de Iberdrola es paradigmático. Pero esto tampoco tiene que cambiar, sino más bien reforzarse, con la bancarización. Si crece el músculo financiero de la caja vasca, su capacidad de participar en Iberdrola será mayor.

- La bancarización tiene pocas alternativas. Si se mantiene el modelo actual, las cajas van a estar muy limitadas a la hora de captar dinero de los mercados, con lo que tendrán serias dificultades para alcanzar los niveles de liquidez y solvencia que van a exigir las autoridades financieras internacionales. Tendrán que poner más dinero en reservas, sin poder usarlo, lo que a la larga redundará en una menor capacidad operativa. De todas formas, todo esto es todavía muy teórico y reconozco que apenas se ha debatido públicamente sobre ello.

- Lo realmente importante no es la fórmula jurídica que se utiliza en la fusión. Al fin y al cabo, lo trascendental a largo plazo es quién será el propietario del nuevo banco. Y nadie ha dicho que las instituciones vascas tengan en principio intención de deshacerse de participación alguna, cosa que sí está ocurriendo en otros lares. Sin ir más lejos, en Navarra. De todas formas, como ciudadano, demando mayor transparencia en este sentido. Me gustaría saber qué control real tendrán las diferentes administraciones a partir de ahora.

- El negocio de las cajas no se distingique actualmente del de los bancos privados. En su día, una caja tenía alguna ventaja, como por ejemplo, la no existencia de comisiones. Esto se ha esfumado hace ya mucho tiempo, hasta el punto de que hoy hay entidades privadas que tienen mejores condiciones. Sin ir más lejos, ING Bank. Sin embargo, yo estoy convencido de que tiene que haber instituciones que apoyan a ciertos sectores que de otra forma quedarían excluidos del acceso a financiación. Estoy pensando especialmente en las pymes. Pero esto es compatible con la bancarización. Lo que me gustaría escuchar con claridad, en lugar de las loas de los vendehumos, es que la futura caja vasca va a asumir un compromiso claro con la financiación de las pymes que le diferencie claramente de los bancos privados. Y lo quiero ver por escrito, que no me fío un pelo de las declaraciones cara a la galería.

- Sea como fuere, es muy positivo que en Euskadi se abran este tipo de debates. Eso demuestra que la sociedad está viva, que no acepta cualquier cosa y que los asuntos más complejos técnicamente nos interesan.

(Actualización 21.08.11) Los lobbys se empeñan en convencernos de las bondades de la fusión. Hoy en una entrevista en Diario Vasco, el director general de Kutxa aporta argumentos muy particulares:
- Que la obra social de Kutxa pasará de tener 15 a 50 millones de euros gracias a la fusión. Como el dinero no se inventa, lo que en realidad está diciendo es que BBK va a aportar la diferencia. Es decir, que la obra social de BBK se va a reducir en esa misma proporción.

- Que no queda otro remedio que fusionarse porque es el único camino posible para cualquier caja. Una pena que el periodista no le pregunte en ese momento por Caja Laboral.

- Que BBK vale lo mismo con Cajasur que sin ella. Esto obviamente es falso. BBK vale hoy mucho más que hace año y medio y a Kutxa le sucede lo contrario. Y el que no quiera verlo, miente.

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