Da gusto leer entrevistas a gente que habla claro. Y Alfredo Sáenz, el consejero delegado del Banco Santander y presidente de la Deusto Business School (DBS), lo hace. El que probablemente es hoy el principal ejecutivo vasco en el mundo reconoce estar muy motivado con el proyecto de escuela de negocios pero sólo si se aspira a incluirla entre las “top-class”.

Estas son las cosas más interesantes que comenta:
- Hacer una escuela de negocios con txapela (“para atender a empresas del norte”) no tendría calidad y a él no le motivaría. Reconoce que sólo se ha implicado en este proyecto porque las aspiraciones son de incluirla entre las principales del mundo.

- Deusto no tiene una escuela de negocios a día de hoy porque las prioridades de los Jesuitas eran Barcelona (Esade) y Madrid (Icade).

- Su principal objetivo es ahora fusionar Esade, Icade y DBS para hacer un gigante capaz de competir con las grandes escuelas europeas. Eso sí, admite que la sede principal tendrá que estar en Madrid. Es más o menos lo que se ha hecho en la banca en los últimos años. Y él sabe algo de eso.

- Su objetivo es entrar en la “top class” en un máximo de 15 años. Eso supone equipararse con Insead, Bocconi, la London Business School, Tilburg, IMD, IESE e Instituto de Empresa.

- La DBS no tiene en este momento ningún problema de financiación. Parece que bancos, instituciones y otras empresas están aportando dinero. Por cierto, así nació La Comercial de Deusto.

- Para él la apuesta que debe hacer la DBS es la formación financiera. “No olvidemos que esta universidad ha sido pionera de dos bancos. Eso significa mucho”, explica. Y cree que ahí se puede introducir un claro elemento de diferenciación de la DBS sobre otras escuelas de negocios. Lo ve mucho más difícil en lo que a la innovación se refiere.

Cuando leo a Sáenz diciendo estas cosas reconozco que se me cae la baba. Es lo mismo que siento cuando escucho a Pedro Luis Uriarte. Creo que tenemos que meter a muchos más ejecutivos en las actividades ordinarias. Sus pequeñas pero sinceras aportaciones de entusiasmo, ambición y profesionalidad motivan más que los miles de discursos políticos a los que estamos acostumbrados.

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