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	<title>Comentarios en: Roberto Velasco y el optimismo de la economía vasca</title>
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	<description>Actualidad del País vasco</description>
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		<title>Por: rafael flanzer</title>
		<link>http://gananzia.com/roberto-velasco-y-el-optimismo-de-la-economia-vasca/comment-page-1#comment-37019</link>
		<dc:creator>rafael flanzer</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 12 May 2010 04:36:50 +0000</pubDate>
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		<description>A 9 años de la crisis que hemos vivido en el 2001 en la Argentina, y a la vista de las criticas situaciones que afectan a varios países europeos y recordando sus apreciaciones sobre nuestra situación argentina, me interesa sobremanera sus opiniones referentes a las razones que ud. atribuye a apariciones en lapsos cada vez más cortos de crisis que terminan afectando a la calidad de vida de los pueblos de diferentes culturas , organizaciones internas y posibilidades económicas. Yo no soy economista. Mi interés se origina en el hecho de que todos vivimos en el mismo &quot;barco&quot; y la interrelación entre los problemas que sufrimos, son cada vez &quot;más globalizados&quot;. Abajo reproduzco su artículo del 2002. hay en el fondo problemas comunes? Cuales son las similitudes de tantas crisis? (EEUU,Grecia,Portugal,España, quizás Italia) Agradecido por su atención, lo saludo atte.

ElPais.Es - 28-09-02  -  Melodía de arrabal - ROBERTO VELASCO, Catedrático de Economía Aplicada – Universidad del País Vasco.
Hace ya tiempo que venimos padeciendo un alud de malas noticias y datos desoladores acerca del último drama nacional argentino, y abundan también los análisis más o menos certeros sobre los orígenes y evolución del proceso de deterioro que amenaza seriamente con destruir, si no lo ha hecho ya, el sistema económico y social de aquella república. Son más escasas, sin embargo, las reflexiones sobre las salidas posibles de una situación que los observadores más optimistas consideran explosiva, probablemente porque el carácter poliédrico de la crisis y la extrema confu-sión reinante no lo facilitan.
La ira popular ha hecho mundialmente famosos el cacerolazo y el poco selectivo &#039;¡que se vayan todos!&#039;, nueva melodía de arrabal dedicada a los dirigentes del país, en expresión de la ilusión perdida sin rescate, del desespero reinante que resume a la perfección la absolutamente nula (ce-ro por cien) confianza en los partidos políticos que el latinobarómetro atribuye actualmente a los argentinos, unos ciudadanos, pese a todo, convencidos (65%) de que la democracia es preferible a cualquier otro sistema de gobierno, aunque la inmensa mayoría (92%) no esté satisfecha de su funcionamiento en la nación austral. Ahorradores esquilmados, piqueteros sin trabajo, funcionarios y pensionistas con ingresos diezmados y cirujas de ocasión están definitivamente persuadidos de que con instituciones desprestigiadas y en quiebra, políticos corruptos, gobernadores caciques, jueces acomodaticios y policías delincuentes no cabe una salida digna y duradera de la catarsis actual, preñada de miseria económica, violencia callejera e injusticia social. Por eso, el &#039;¡que se vayan todos!&#039; es, más que una muestra de hastío, una exigencia de recreación del Estado argenti-no una vez éste ha renunciado de facto a ser lugar privilegiado de encuentro y relación armónica de las fuerzas políticas y sociales, una vez ha dejado de ejercer las funciones capitales de las que procede su grandeza.
Sin embargo, esta enfurecida melodía de arrabal no ha encontrado el eco esperado porque ningu-no de sus principales destinatarios parece darse por aludido, al menos en el ámbito político. Bien al contrario, los dinosaurios menos presentables del peronismo (Menem y Rodríguez Saá, entre otros artífices del fangal) luchan fratricidamente estas semanas, con sus armas de siempre (popu-lismo rancio, patrioterismo y lacrimógenas remembranzas de Evita Duarte), por la candidatura justicialista a la presidencia del Gobierno en las elecciones del próximo mes de marzo. El mejor situado es el ex gobernador de la provincia de San Luis, Rodríguez Saá (más conocido como el Adolfo), un personaje que tras sus demagógicas peroratas esconde un desconocimiento importan-te de las coordenadas del mundo actual. Todo ello en un ambiente inédito de despolarización electoral debido al tránsito por el desierto político del radicalismo tras sus últimos estrepitosos fra-casos. Y mientras todo esto sucede, los únicos que se están yendo de verdad son los ciudadanos que, con su agotada confianza en el país a cuestas, emigran siguiendo los pasos dados antes por los, según Keynes, más tímidos (150.000 millones de dólares) y los, según se mire, muy melancó-licos (multinacionales, bancos), por definición alérgicos a la inestabilidad política y la inseguridad jurídica. A falta de candidaturas capaces de afrontar fiablemente las profundas reformas institucio-nales y económicas reclamadas por los argentinos, es evidente el peligro de que éstos se arrojen &#039;sin fe ni yerba de ayer&#039; en brazos de los de siempre o se cobijen en grupos de izquierda poco es-tructurados en torno a propuestas económicas de recorrido imposible.
En el ámbito económico, la situación es caótica: quiebra total en las cuentas públicas, depresión de caballo (caída prevista del 18% del PIB este año), amenaza de hiperinflación, presión sin pre-cedentes del Fondo Monetario Internacional y sectores enteros de actividad dispuestos a la deser-ción si el rumbo no se corrige pronto y se mantiene con mano firme. La esperanza que la dirigen-cia puso en el contagio financiero de los países vecinos se ha visto defraudada por el escaso ca-rácter sistémico que tiene la Argentina actual y las fulminantes ayudas concedidas al primer sín-toma por el FMI y la banca internacional a Brasil y Uruguay. Los halcones del Fondo quieren que los argentinos sientan &#039;la indiferencia del mundo&#039;, un tango amargo para quienes creyeron ser cen-tro del universo; los economistas de Washington, interpretando los deseos de Estados Unidos, han tomado a Argentina como banco de pruebas para demostrar urbi et orbi que ningún país que necesite desesperadamente dinero puede sentirse soberano sin su permiso y que nadie puede desafiar sin riesgo de catástrofe al fundamentalismo de mercado. Saben que sus condiciones para la concesión de nuevos créditos supone convertir a éstos en una herramienta política y, como ha señalado con conocimiento de causa el reciente Nobel de Economía Joseph Stiglitz, &#039;pretenden que el sufrimiento y el dolor se vuelvan parte del proceso de redención y prueba de que el país va por buen camino&#039;.
Argentina necesita ciertamente construir la estabilidad económica sobre una estructura política, jurídica, financiera y fiscal de estos tiempos, así como renegociar la deuda. El Gobierno que salga de las urnas tendrá que dejar de marear la perdiz, la especialidad de quienes están convencidos de que gobernar es entretener, como el presidente Duhalde, y tendrá que desterrar las políticas adoptadas a contramano de los inversores y de las instituciones internacionales. Pero el FMI y los mercados deberían tener en cuenta que &#039;a veces el dolor es necesario, pero no es de por sí una virtud&#039; (Stiglitz). Además, es bien conocido que las recetas estándar y sin secuencias adaptadas al país objetivo del Fondo no tienen garantía de eficacia, y no sería la primera ni la cuarta vez que sus programas dejan a un país tan pobre como antes, pero más endeudado y con una élite diri-gente más opulenta. El mismo caso argentino es bien elocuente de que los drásticos recortes fis-cales impuestos por el Fondo ayudaron a crear el círculo vicioso descendente de recesión en un país que tenía y sigue teniendo en el crecimiento su principal tabla de salvación.
El Gobierno que salga de las urnas tendrá que dejar de marear la perdiz 
En estas circunstancias, cuando la política desfallece y la economía se asemeja a un campo mi-nado en el que un paso en falso puede ser el último, es lógico que una sociedad tan compleja y desorientada como la argentina no perciba el futuro con un mínimo nivel de confianza: son tiem-pos para dudar, excelentes para escépticos y pesimistas, pero no para abandonarse en el fatalis-mo. En épocas de sufrimiento colectivo hay que ver luces de esperanza en el hecho, mil veces contrastado, de que el futuro es incierto y que, por tanto, puede entrañar mejoras sobre el presen-te; naturalmente, siempre que se busquen. Un país con la cultura, la creatividad (véanse las ma-ravillosas películas que nos han regalado los últimos meses) y el potencial de Argentina no puede ser prisionero de sus hijos más desaprensivos y de economistas desertores de la realidad. El futu-ro no se puede asegurar, pero sí que, en buena medida, se puede modular. Como las melodías.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>A 9 años de la crisis que hemos vivido en el 2001 en la Argentina, y a la vista de las criticas situaciones que afectan a varios países europeos y recordando sus apreciaciones sobre nuestra situación argentina, me interesa sobremanera sus opiniones referentes a las razones que ud. atribuye a apariciones en lapsos cada vez más cortos de crisis que terminan afectando a la calidad de vida de los pueblos de diferentes culturas , organizaciones internas y posibilidades económicas. Yo no soy economista. Mi interés se origina en el hecho de que todos vivimos en el mismo &#8220;barco&#8221; y la interrelación entre los problemas que sufrimos, son cada vez &#8220;más globalizados&#8221;. Abajo reproduzco su artículo del 2002. hay en el fondo problemas comunes? Cuales son las similitudes de tantas crisis? (EEUU,Grecia,Portugal,España, quizás Italia) Agradecido por su atención, lo saludo atte.</p>
<p>ElPais.Es &#8211; 28-09-02  &#8211;  Melodía de arrabal &#8211; ROBERTO VELASCO, Catedrático de Economía Aplicada – Universidad del País Vasco.<br />
Hace ya tiempo que venimos padeciendo un alud de malas noticias y datos desoladores acerca del último drama nacional argentino, y abundan también los análisis más o menos certeros sobre los orígenes y evolución del proceso de deterioro que amenaza seriamente con destruir, si no lo ha hecho ya, el sistema económico y social de aquella república. Son más escasas, sin embargo, las reflexiones sobre las salidas posibles de una situación que los observadores más optimistas consideran explosiva, probablemente porque el carácter poliédrico de la crisis y la extrema confu-sión reinante no lo facilitan.<br />
La ira popular ha hecho mundialmente famosos el cacerolazo y el poco selectivo &#8216;¡que se vayan todos!&#8217;, nueva melodía de arrabal dedicada a los dirigentes del país, en expresión de la ilusión perdida sin rescate, del desespero reinante que resume a la perfección la absolutamente nula (ce-ro por cien) confianza en los partidos políticos que el latinobarómetro atribuye actualmente a los argentinos, unos ciudadanos, pese a todo, convencidos (65%) de que la democracia es preferible a cualquier otro sistema de gobierno, aunque la inmensa mayoría (92%) no esté satisfecha de su funcionamiento en la nación austral. Ahorradores esquilmados, piqueteros sin trabajo, funcionarios y pensionistas con ingresos diezmados y cirujas de ocasión están definitivamente persuadidos de que con instituciones desprestigiadas y en quiebra, políticos corruptos, gobernadores caciques, jueces acomodaticios y policías delincuentes no cabe una salida digna y duradera de la catarsis actual, preñada de miseria económica, violencia callejera e injusticia social. Por eso, el &#8216;¡que se vayan todos!&#8217; es, más que una muestra de hastío, una exigencia de recreación del Estado argenti-no una vez éste ha renunciado de facto a ser lugar privilegiado de encuentro y relación armónica de las fuerzas políticas y sociales, una vez ha dejado de ejercer las funciones capitales de las que procede su grandeza.<br />
Sin embargo, esta enfurecida melodía de arrabal no ha encontrado el eco esperado porque ningu-no de sus principales destinatarios parece darse por aludido, al menos en el ámbito político. Bien al contrario, los dinosaurios menos presentables del peronismo (Menem y Rodríguez Saá, entre otros artífices del fangal) luchan fratricidamente estas semanas, con sus armas de siempre (popu-lismo rancio, patrioterismo y lacrimógenas remembranzas de Evita Duarte), por la candidatura justicialista a la presidencia del Gobierno en las elecciones del próximo mes de marzo. El mejor situado es el ex gobernador de la provincia de San Luis, Rodríguez Saá (más conocido como el Adolfo), un personaje que tras sus demagógicas peroratas esconde un desconocimiento importan-te de las coordenadas del mundo actual. Todo ello en un ambiente inédito de despolarización electoral debido al tránsito por el desierto político del radicalismo tras sus últimos estrepitosos fra-casos. Y mientras todo esto sucede, los únicos que se están yendo de verdad son los ciudadanos que, con su agotada confianza en el país a cuestas, emigran siguiendo los pasos dados antes por los, según Keynes, más tímidos (150.000 millones de dólares) y los, según se mire, muy melancó-licos (multinacionales, bancos), por definición alérgicos a la inestabilidad política y la inseguridad jurídica. A falta de candidaturas capaces de afrontar fiablemente las profundas reformas institucio-nales y económicas reclamadas por los argentinos, es evidente el peligro de que éstos se arrojen &#8216;sin fe ni yerba de ayer&#8217; en brazos de los de siempre o se cobijen en grupos de izquierda poco es-tructurados en torno a propuestas económicas de recorrido imposible.<br />
En el ámbito económico, la situación es caótica: quiebra total en las cuentas públicas, depresión de caballo (caída prevista del 18% del PIB este año), amenaza de hiperinflación, presión sin pre-cedentes del Fondo Monetario Internacional y sectores enteros de actividad dispuestos a la deser-ción si el rumbo no se corrige pronto y se mantiene con mano firme. La esperanza que la dirigen-cia puso en el contagio financiero de los países vecinos se ha visto defraudada por el escaso ca-rácter sistémico que tiene la Argentina actual y las fulminantes ayudas concedidas al primer sín-toma por el FMI y la banca internacional a Brasil y Uruguay. Los halcones del Fondo quieren que los argentinos sientan &#8216;la indiferencia del mundo&#8217;, un tango amargo para quienes creyeron ser cen-tro del universo; los economistas de Washington, interpretando los deseos de Estados Unidos, han tomado a Argentina como banco de pruebas para demostrar urbi et orbi que ningún país que necesite desesperadamente dinero puede sentirse soberano sin su permiso y que nadie puede desafiar sin riesgo de catástrofe al fundamentalismo de mercado. Saben que sus condiciones para la concesión de nuevos créditos supone convertir a éstos en una herramienta política y, como ha señalado con conocimiento de causa el reciente Nobel de Economía Joseph Stiglitz, &#8216;pretenden que el sufrimiento y el dolor se vuelvan parte del proceso de redención y prueba de que el país va por buen camino&#8217;.<br />
Argentina necesita ciertamente construir la estabilidad económica sobre una estructura política, jurídica, financiera y fiscal de estos tiempos, así como renegociar la deuda. El Gobierno que salga de las urnas tendrá que dejar de marear la perdiz, la especialidad de quienes están convencidos de que gobernar es entretener, como el presidente Duhalde, y tendrá que desterrar las políticas adoptadas a contramano de los inversores y de las instituciones internacionales. Pero el FMI y los mercados deberían tener en cuenta que &#8216;a veces el dolor es necesario, pero no es de por sí una virtud&#8217; (Stiglitz). Además, es bien conocido que las recetas estándar y sin secuencias adaptadas al país objetivo del Fondo no tienen garantía de eficacia, y no sería la primera ni la cuarta vez que sus programas dejan a un país tan pobre como antes, pero más endeudado y con una élite diri-gente más opulenta. El mismo caso argentino es bien elocuente de que los drásticos recortes fis-cales impuestos por el Fondo ayudaron a crear el círculo vicioso descendente de recesión en un país que tenía y sigue teniendo en el crecimiento su principal tabla de salvación.<br />
El Gobierno que salga de las urnas tendrá que dejar de marear la perdiz<br />
En estas circunstancias, cuando la política desfallece y la economía se asemeja a un campo mi-nado en el que un paso en falso puede ser el último, es lógico que una sociedad tan compleja y desorientada como la argentina no perciba el futuro con un mínimo nivel de confianza: son tiem-pos para dudar, excelentes para escépticos y pesimistas, pero no para abandonarse en el fatalis-mo. En épocas de sufrimiento colectivo hay que ver luces de esperanza en el hecho, mil veces contrastado, de que el futuro es incierto y que, por tanto, puede entrañar mejoras sobre el presen-te; naturalmente, siempre que se busquen. Un país con la cultura, la creatividad (véanse las ma-ravillosas películas que nos han regalado los últimos meses) y el potencial de Argentina no puede ser prisionero de sus hijos más desaprensivos y de economistas desertores de la realidad. El futu-ro no se puede asegurar, pero sí que, en buena medida, se puede modular. Como las melodías.</p>
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		<title>Por: El Comité de Asesores de Patxi López en materia económica. &#187; Cyber Euskadi</title>
		<link>http://gananzia.com/roberto-velasco-y-el-optimismo-de-la-economia-vasca/comment-page-1#comment-31391</link>
		<dc:creator>El Comité de Asesores de Patxi López en materia económica. &#187; Cyber Euskadi</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 30 Jan 2010 14:47:31 +0000</pubDate>
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		<description>[...] socialista), Claudio Aranzadi (ex ministro socialista), Luis Atienza (ex ministro socialista), Roberto Velasco (UPV), Felipe Serrano (UPV), Carlos Trevilla (ex UGT), Susana Rodríguez (BBVA y ex decana [...]</description>
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		<title>Por: ¿Crisis del 29 igual que la actual? - El Economista Accidental</title>
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		<dc:creator>¿Crisis del 29 igual que la actual? - El Economista Accidental</dc:creator>
		<pubDate>Sat, 11 Oct 2008 21:39:10 +0000</pubDate>
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		<description>[...] se ataja una crisis y la capacidad de reacción de los bancos centrales es mucho mayor», sostiene Roberto Velasco , catedrático de Economía Aplicada de la Universidad del País Vasco, quien reclama una autoridad [...]</description>
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