prostitucionHace muchos años el periodista Pepe Rei escribió un apasionante libro de ficción titulado “El Jesuita” que comenzaba con la muerte de un cliente de un prostíbulo bilbaíno utilizado por los servicios secretos del PNV. Sirva la anécdota para hablar de la relación entre putas y políticos y no tanto en su sentido sexual como en el regulatorio. Y es que los supuestamente encargados de resolver los problemas no se atreven a coger este toro por los cuernos (nunca mejor dicho).

Uno de los pocos que ha tenido coraje para hacer algo, hasta donde la ley se lo permite, es el alcalde de Bilbao, Iñaki Azkuna. Su iniciativa consiste en regular la presencia de las prostitutas en la calle para evitar que alteren la convivencia en determinadas zonas de la ciudad. Y se le han echado encima por ello Emakunde y alguna organización que ayuda a las mujeres que practican este oficio.

El problema de fondo es que la prostitución ni está permitida ni está prohibida. Toda su actividad se basa en vacíos legales que aprovechan personas sin escrúpulos, las mafias, para hacer negocios de todo tipo. Curiosamente, muchas veces hay policías detrás de los prostíbulos, directa o indirectamente. De ahí que la autoridad apenas intervenga, aunque sólo sea en virtud de la legislación de extranjería.

Se hace la vista gorda y nadie se molesta. Tan sólo las chicas que son traídas desde sus países de origen con condiciones absolutamente leoninas y que crujirían ante cualquier juez. La falta de legislación sólo es buena para las mafias y la culpa de que así sea la tienen los políticos, que no se atreven a regular la prostitución y que facilian así una nauseabunda vía de corrupción.

¿Qué es lo que habría que hacer?
- Regular el ejercicio de la prostitución. Lo lógico es que se permita bajo unas determinadas medidas de control sanitario y laboral. Una mujer debe tener la libertad de trabajar como puta, pero siempre que lo haga por voluntad propia, lo que probablemente pasa porque puedan sindicarse.

- Asegurarse de que las zonas en las que se ejerce no se conviertan en guetos, como sucede en algunos barrios y polígonos industriales de Euskadi. El ejemplo del distrito rojo de Amsterdam, convertido en zona turística, es un modelo a seguir.

- Formar a los jóvenes para ir moderando la incidencia de la prostitución en la sociedad. Yo soy muy optimista en este respecto. En otros tiempos, como lo demostró el mismísimo presidente de Cantabria, ir de putas era algo bastante extendido y hoy ha pasado a ser algo que, cuando menos, se oculta. Parece que, salvo en el caso de Torbe, ha perdido su encanto.

- Prohibición absoluta de la publicidad de este tipo de servicios en la prensa ordinaria, al menos mientras siga utilizando fotografías y reclamos explícitos. El Gobierno Vasco aseguró que iba a actuar en este campo y aún no ha hecho nada. ¿Por qué no lo hace? ¿Le ha prometido algo Vocento a cambio de no hacer nada?

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