El otro día la consejera de Medio Ambiente, Esther Larrañaga, advertía de que en el futuro se impondrán peajes para accedes con coche a las capitales vascas. No va a quedar más remedio. La pregunta obvia es por qué no se hace ya, si se sabe que va a ser necesario.

¿No es ésta una oportunidad de adelantarnos a lo inevitable y de paso desarrollar un nuevo sector tecnológico? La consejera habla de “un futuro más o menos inmediato” y lo califica como “medidas drásticas”. Está claro que le puede el miedo a las “reticencias” y, por eso aclara después que es una iniciativa que “requiere maduración”.

A eso lo llamo nadar y guardar la ropa. Es una política ultra-conservadora: digo lo que algunos quieren escuchar e invito a gurús como Al Gore para que lo repitan, pero después no tomo ningún riesgo para llevar a cabo lo que realmente creo que hace falta hacer. Lo siento. No puedo estar de acuerdo con esta actitud.

Si el Gobierno Vasco sabe que no queda más remedio que poner tasas para evitar la circulación de tantos coches, no sé por qué no aplica ya medidas restrictivas. Tampoco entiendo por qué se están construyendo una nueva variante en Donostia y una supersur en Bilbao si sabemos que hay que eliminar vehículos privados de las carreteras. ¿Dónde está la planificación? ¿Dónde está la apuesta por un país sostenible?

La consejera Larrañaga puede alegar, y con razón, que la puesta en práctica de medidas restrictivas no es cosa de su departamento. Es cierto. Pero sí es ella quien debe proponer iniciativas legislativas que impongan determinadas obligaciones a los ayuntamientos y diputaciones, que son los que tendrían competencia en esa materia. Por muy impopulares que puedan parecer.

Temas: ,