uriarte_pedro_luisEstos días Pedro Luis Uriarte está publicando una serie de artículos de opinión sobre innovación en los medios de Grupo Noticias. Su tesis es que hay que apostar especialmente por que sean las empresas grandes ya existentes las que realicen el esfuerzo principal de I+D, en lugar de las nuevas startups. Yo discrepo totalmente.

Uriarte alega que la realidad demuestra que las compañías de sectores maduros, como la banca, la telefonía o la electricidad son las que a la larga están aportando mayor valor añadido. “Esas empresas de futuro son, en todos los casos, empresas muy innovadoras y no sólo en tecnología, sino en producto, procesos, capacidades de distribución, y en cuidar y formar a sus personas. En Euskadi contamos con esas empresas”, añade, antes de aportar una serie de datos para demostrar su tesis.

A mi juicio, esto sólo se debe a que la estructura económica del país y el exceso de regulación priman a las empresas ya consolidadas sobre las de nueva creación. Además, la escasez de capital-riesgo dificulta la puesta en marcha de nuevos proyectos, salvo para compañías (y empresarios) con años de existencia, que cuentan con el aval bancario, aunque sólo sea porque poseen patrimonio inmobiliario.

Por no hablar de las dificultades que tienen las startups para contratar en un entorno laboral que prima la seguridad sobre el riesgo. Cualquier recién licenciado vasco está dispuesto a ser becario en un gran banco o en una firma “con marca prestigiosa” antes que a trabajar en una compañía de nueva creación, de la que no se fía. ¡Y así nos va!

Uriarte se refiere después a los “enormes fiascos” que generaron las puntocom en el 2000 para criticar la apuesta por “sectores emergentes”. Y pone fundamentalmente un ejemplo, el de Terra, probablemente porque el banco que él dirigía en ese momento, el BBVA, fue uno de los que más inflaron esta concreta burbuja. “Tenía un futuro mucho menos prometedor del que se anticipaba por sus profetas”, explica.

Efectivamente, el problema de las puntocom fue un exceso de expectativas, alimentada por los que él denomina “profetas iluminados de Internet”, que al final terminó contagiando a ejecutivos de la economía tradicional. El propio Uriarte y Angel Corcóstegui, entonces consejero delegado del Santander, cayeron en la trampa con la puesta en marcha de Uno-e y la compra de Patagon, respectivamente. Sus bancos se dejaron ahí centenares de millones de euros.

Pero los excesos bursátiles no pueden servir para tachar a todo un sector, el de Internet, como “fiasco”. El propio Uriarte admite que hay empresas que han funcionado y pone el ejemplo de Google. Pero hay muchos más: todos los operadores de telefonía basan hoy su negocio en las conexiones a Internet fijas y móviles, hay firmas de comercio electrónico como Atrápalo o eDreams nacidas en Barcelona y que están plenamente consolidadas y han surgido diversas compañías de “medios” con modelos de negocio muy asentados, como Idealista, que curiosamente tiene capital vasco. No hay que olvidar que Kutxa hizo mucho dinero con la venta a Yahoo! de su participación en Kelkoo, un comparador de precios.

Tampoco hay que dejar al margen casos como Panoramio o Loquo, nacidos en España y adquiridos por gigantes como Google o eBay. Más cerca, en Euskadi, tenemos a una empresa consolidada entre las 50 mayores de software de Europa, Panda Security, que vende sobre todo por Internet. Su último producto, el mismo que le hace denominarse “The Cloud Company”, no existiría sin la Red.

Quien ha apostado seriamente por Internet sigue en el negocio. Quien sólo lo hizo para ganar dinero rápidamente, como les sucedió a muchos banqueros, ha salido del sector maldiciéndolo. La pregunta que hay que hacerse en el fondo es por qué en Euskadi nos cuesta tanto dejar al margen esa mentalidad industrial que nos lleva a pensar que sólo tiene sentido económico aquello que es tangible y está basado en lo que ya conocemos. ¿Por qué Kutxa o BBK han tenido que salir fuera para poder invertir en Internet?

Y Uriarte, una persona a quien respeto mucho y especialmente por la capacidad de entrega a su país que demostró al trabajar gratis para poner en marcha Innobasque, no es un caso aislado. El actual consejero de Industria, en su charla de hace dos semanas, no mencionó ni una sola vez a las TICs. Me temo que para innovar seriamente, tenemos que cambiar las mentes de los que nos mandan. O directamente cambiar a los que nos mandan. O abandonar Euskadi…

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