Lorenzo BeltránUno de los premios Korta de este año a los mejores empresarios vascos ha ido a parar al oscense Lorenzo Beltrán, fundador de la fábrica de ascensores que lleva su apellido. Lo más interesante de la trayectoria de este hombre sin estudios es que, siguiendo su olfato, dejó su trabajo y hasta su casa para convertirse en emprendedor sin tener ninguna idea clara de qué iba a hacer.

Trabajaba como electricista en Aristrain, que le había proporcionado un buen sueldo y casa, pero creía que podía establecerse por su cuenta. “Tenía ese gusanillo”, reconoce en una entrevista en Diario Vasco en la que también explica que eligió la zona de Eibar porque las empresas de esta zona eran más pequeñas y estaban más diversificadas.

Al principio se instaló por su cuenta para hacer lo mismo que llevaba años haciendo: montar y reparar circuitos eléctricos. Pero pronto, empujado por ese instinto natural hacia la supervivencia que guía a todo emprendedor, se dio cuenta de que donde había mayor vacío es en la electromecánica. “Como era una época de pujanza económica en la zona, con mucha construcción de viviendas, aposté por dedicarme a la instalación y montaje de ascensores”, explica.

Es decir, que Beltrán no tuvo una idea genial y se lanzó a hacerla realidad. Primero vino la vocación emprendedora y después, con el tiempo, surgió el proyecto que le consolidaría, la firma Ascensores Beltrán, que en 2013 cumplirá 50 años y que ha atravesado periodos de gran pujanza y otros de crisis.

Tampoco tenía una sangre especial que le llevara a ser emprendedor, como muchas veces se ha dicho de las personas de la zona de Eibar. El era aragonés. Lo que sí es cierto es que conoció un ecosistema muy singular de pequeñas empresas, como es el del Bajo Deba, y que fue ese entorno el que le arrastró a establecerse por su cuenta.

Por cierto, la entrevista que le hacen en Diario Vasco destaca otros aspectos muy interesantes de este emprendedor que son extensibles a otros. Así, la necesidad de vender puerta a puerta, ya que las comunidades de vecinos, principales clientes de sus ascensores no estaban tan organizadas como lo están hoy en día. O la capacidad de innovación en producto, que llevó en su momento a Beltrán a hacer préstamos a clientes que no podían pagar.

¿Y qué decir de la prudencia y la austeridad? Son dos valores muchas veces denostados pero que Beltrán comparte con otros empresarios que admiro y que le alejan del estilo del pelotazo y del financiero que tanto abundan, por desgracia, en nuestros días. Solo así, invirtiendo cada día y mejorando el producto y su calidad de forma constante, se puede durar 50 años en el mercado.

Por cierto, el fundador de Ascensores Beltrán dejó los estudios con 13 años, pero su empresa ya tiene dos patentes y en 1969 instaló el elevador de mayor recorrido de Euskadi, con 21 paradas. Tampoco tuvo la oportunidad de aprender idiomas, pero su compañía exporta hoy el 30% de su producción. ¡Cuántas cosas hay que aprender de estos emprendedores que en Euskadi hemos ignorado durante mucho tiempo!

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