isabel_celaaLa semana pasada me sorprendió muy positivamente la charla de la consejera de Educación, Isabel Celaá, en el Forum Europa. Mostró un deseo de transversalidad, modernidad y plurilingüismo que nos hacen mucha falta. Esto contrasta, sin embargo, con todo lo ocurrido en torno a los microportátiles de la Educación 2.0.

Celaá habló de investigar, de desarrollar un espíritu crítico, de fomentar los estudios científicos, de apostar por el uso del inglés y de salir de la crisis a través de la innovación. Incluso se atrevió a apostar por un nuevo modelo de conocimiento y, lo más atrevido, por “un nuevo modelo de educación”. Y se retrotrajo a la revolución que la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País supuso para la Euskadi del siglo XVIII.

Sin embargo, esa valentía choca de bruces con lo que ha ocurrido con los microportátiles. No hay que olvidar que fue ella, como consejera, quien firmó el concurso público que obvia la existencia de otros sistemas operativos. Aunque todos echan ahora la culpa a un funcionario, del que nadie recuerda su nombre y que supuestamente ha sido relevado, el error se cometió en su departamento y todavía nadie lo ha admitido públicamente.

Me llama la atención que se haya redactado un documento con una partida económica tan importante sin conocer previamente que existe el software libre, que es más económico y que Patxi López había prometido aplicarlo, especialmente en las escuelas vascas, por su interés estratégico. Por si fuera poco, todo lo ocurrido demuestra escasa colaboración, si no cosas peores, entre consejerías, ya que el director de Informática, que depende de Justicia y Administración, debió haber tenido conocimiento de este concurso antes de que se aprobara.

Sea como fuere, la mayor de todas las contradicciones es la que supone hacer semejante esfuerzo para dotar a los alumnos de herramientas, como los microportátiles, obviando que lo más importante es el cambio cultural que es preciso hacer en escuelas y universidades vascas. En su charla, Celaá pareció apostar por esta revolución educativa, pero sus hechos le contradicen. Espero que sea sólo una cuestión de tiempo y que en el futuro tengamos más realidades y menos palabras.