dolaresEstos días estamos rodeados de noticias relacionadas con la corrupción. Tantas que la última alcaldada de Lezama suena a moco de pavo. Pero lo que más me sorprende es que muchos políticos sólo vean la paja en el ojo ajeno, que la corrupción sólo les parezca deleznable si son “los otros” los que la cometen. Cuando en realidad éste es un asunto de ética y no de competencia.

Ho hace falta irse a Santa Coloma o a Pozuelo para encontrar ejemplos de lo que quiero decir. Veamos algunos casos cercanos que ilustran lo que comento:

- Caso Margüello. El PSE es el principal promotor de la comisión de investigación parlamentaria sobre supuestas irregularidades cometidas en la contratación de servicios por parte de José Carlos Margüello, ex director de Calidad del Hospital de Cruces. Pero se da la circunstancia de que fue el Gobierno socialista (el central) el que indultó en 2007 a los cuatro directivos de Osakidetza condenados por el fraude en las oposiciones del Servicio Vasco de Salud.

- Caso Barakaldo. Mientras el PNV se está aplicando a conciencia para sacar a la luz supuestas corruptelas ligadas al urbanismo en Barakaldo y para pedir la dimisión de los ediles socialistas, ese mismo partido calla ante lo que ha sucedido en Barrika, cuyo ayuntamiento gobierna. Y eso que en este último caso los desmanes inmobiliarios están ya juzgados y confirmados.

- Caso coches forales. Es difícil de entender que sólo Ezker Batua y ANV hayan aprobado la creación de una comisión de investigación sobre el uso privado de coches oficiales por parte de dos ex diputados forales del PP de Alava. Al parecer, ha quedado acreditado que dos ex responsables de la Diputación se fueron de vacaciones con los vehículos (y la gasolina) que utilizaban en virtud de su cargo.

Para mí está claro que los partidos se tapan las vergüenzas entre sí y que sólo las sacan a la luz cuando les conviene políticamente. Y los medios de comunicación, que en otros países se dedican en cuerpo y alma a luchar contra la corrupción, toman en España una actitud absolutamente pasiva, para evitar daños colaterales a su negocio publicitario.

El sistema está, por ello, muy manchado. Y me temo que no va a ir sino a peor, porque la financiación de los partidos se sigue haciendo, en gran medida, por vías ilegales. Ya lo decía Xabier Arzalluz en su autobiografía: “Si los demás partidos se lanzan a gastar y tú quieres estar en condiciones de competir, también tienes que gastar”.

En Cataluña se emplea el “tres por ciento” (las comisiones que pagan los partidos a los políticos) y en Euskadi se hace a través de donaciones, autobuses para el alderdi eguna, alquileres bajos para batzokis y otros beneficios indirectos. También lo explicó Arzalluz: “Tú atribuyes esos trabajos (contratas, recalificaciones, etc.) conforme a la ley, por las vías de adjudicación establecidas, pero no ocultas a los empresarios que tu partido tiene necesidades que cubre con mucha dificultad”. Hay que recordar en este punto que el PNV tiene un volumen muy elevado de donaciones anónimas.

Para el ex presidente de los jeltzales esto último no es corrupción, pero yo no estoy en absoluto de acuerdo. A mi juicio, ha llegado el momento de quitar estas competencias a los partidos, para que queden en manos de la sociedad civil. Si las fuerzas políticas están ejerciendo la corrupción de forma masiva, ellas no son las más indicadas para resolver el problema.

La única solución pasa por que sean los ciudadanos los que conformen comisiones de investigación y tengan capacidad real para poder averiguar qué están haciendo realmente los partidos. Nada que ver, por tanto, con lo que ocurre en el caso Bravo, donde para más inri, todos los debates son a puerta cerrada, en secreto, al margen de la sociedad civil.

Nota: La muy recomendable autobiografía de Arzalluz, editada por el difunto Javier Ortiz, se titula “Así fue” y también contiene perlas como ésta: “En todo partido que está en un gobierno (…) hay gente que pretende encontrar una colocación para los de su cuerda. Para sus familiares, para sus allegados políticos o para ambos. No lo apruebo, por supuesto, pero sé que resulta prácticamente inevitable. También en el PNV conozco familias enteras colocadas por puro nepotismo”.

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