A la hora de hablar de innovación, Angulas Aguinaga es una de las empresas más interesantes. Su producto más conocido ya no son las angulas sino la “gula del norte”, un alimento generado en los laboratorio del CSIC y patentado por esta empresa de Irura (Gipuzkoa) a principios de los noventa.

Su innovación vino por necesidad. La empresa, resultado de la fusión de cuatro anguleros en los años setenta, era uno de los principales vendedores de angulas del mundo, hasta que los ríos empezaron a quedarse sin animales. Entonces, los gestores de Aguinaga decidieron buscar un sucedáneo y lo encontraron en el surimi, un derivado del pescado consumido en Japón desde hace siglos. De hecho, surimi en japonés significa “músculo de pescado picado”.

Es mucho más barato y su sabor apenas cambia. Del surimi se ha hecho de todo. Desde palitos de cangrejo, que es probablemente su aplicación más conocida, hasta el sucedáneo de anchoa en salazón inventado por científicos del laboratorio vasco Azti. Al margen de la tecnología, el éxito de la gula del norte ha estado también relacionado con una intensa promoción en televisión y otros medios.

Han anunciado este producto desde Arguiñano (vía canapés) hasta Rosa María Sará, sin olvidar a los toreros Francisco Rivera Ordóñez y Manuel Díaz ‘El Cordobés’. Y las empresas de la competencia no se han quedado con los brazos cruzados. Otras anguleras de Aguinaga no tardaron mucho en registrar marcas similares utilizando el nombre de esta localidad, lo que legalmente está permitido.

Algunas de estas empresas, como Nakula con sus ‘Estrellas Aguinaga’, se ven obligadas a utilizar la patente 8901508, registrada por Angulas Aguinaga en los noventa. Otras han producido sin patente, por lo que en los tribunales existe amplia jurisprudencia al respecto. Sendas sentencias de los juzgados de Bilbao obligan a sus competidores a retirar del mercado productos similares a la gula del norte. Pero más recientemente, un fallo del Tribunal Supremo indica que la patente original de Angulas Aguinaga no era correcta, al carecer de “novedad” y “actividad inventiva”.

Tan importante llegó a ser la protección de la propiedad intelectual para esta empresa que su principal ejecutivo fue durante muchos años un abogado, Javier Olaverri, ex dirigente de Euskadiko Ezkerra y ex viceconsejero del Gobierno Vasco. Con él los ataques llegaron por otro lado: el terrorismo. Angulas Aguinaga ha estado amenazada por ETA, que llegó incluso a colocar una bomba en sus instalaciones de Irura.

Sea como fuere, la empresa no ha parado de recibir premios. En 2006 fue nombrada “mejor empresa alimentaria española” por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación. Más recientemente, el concurso Seaffod Prix´Elite 2007 le entregó su premio de honor. Y los dueños también han podido hacer dinero. El año pasado, el fondo Ibersuizas adquirió su participación a tres de los cuatro dueños. En este fondo, que gestiona el vizcaíno Iñigo Sánchez-Asiain, participan las familias vascas Aguinaga (Transportes Colectivos), Salazar (SOS Cuétara), Lipperheide y Delclaux. Por cierto, formalmente la sociedad se denomina Cartera Iruragui.

Sólo queda en la empresa la familia Azpíroz Illarramendi, hijos del pescador de Aguinaga Marcelino Azpíroz, que tuvo la gran idea de guardar las angulas en vivero para venderlas más tarde, cuando los precios subían. Además, recorrió España y países vecinos enseñando a la gente a pescar angulas, pese a que sólo se consumían en Bilbao y Donostia. Con la expansión a otros lares, especialmente a Asia, llegó la escasez y el agotamiento de los ríos. El gerente de la empresa es a día de hoy Juan Ignacio Azpíroz Arruti, nieto de Marcelino.

(Actualización 17.07.11) Carlos Luna, director general de Angulas Aguinaga, explica en Deia: “El origen de La Gula del Norte estuvo en la colaboración de una empresa privada con centros tecnológicos como AZTI y CSIC. Es cierto que hace años todos los fabricantes teníamos una cultura de actuar por solitario, pero hoy entendemos que para avanzar hay que estar abierto a todo el conocimiento que hay en el mundo y que para ello es preciso colaborar con centros tecnológicos, universidades, otras empresas, etc. y pagar royalties, en definitiva es una forma muy inteligente de colaborar”.

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