mikEl MIK de Mondragón quema rápidamente a sus responsables pero parece ser un trampolín de lanzamiento de figuras de la innovación vasca. Allí se han curtido Angel Arbonies y Carlos Fernández Isoird, dos ideólogos de la creación de redes sociales de aplicación empresarial.

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Angel Arbonies


Arbonies, una de las pocas personas que en Euskadi hablaban de innovación antes de que se pusiera de moda, es un viejo conocido. Se formó como economista en la ESTE y después pasó por Ikei, una interesantísima empresa resultado de la externalización de los servicios de estudios de las cajas vascas.

Suyo fue también el proyecto de Cluster del Conocimiento, que en su momento aspiró a ser lo que hoy es Innobasque, aunque finalmente ha quedado subsumido en esta organización. Hoy navega en solitario y está centrado en el desarrollo de Polo Garaia. Curiosamente, ha creado una web, Innovation Brokers, con un nombre muy similar al del último proyecto de Fernández Isoird.

Este ingeniero se formó en el centro vizcaíno DZ, actual BAI, de la mano del propio Arbonies, que después se lo llevaría a Mondragón. El MIK (Mondragon Innovation and Knowledge) nace en 2001 como centro de investigación en gestión empresarial (“ikerketa kudeaketan”, en euskera) del Grupo Mondragon.

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Carlos Fernández

Arbonies reunió allí, con pocos medios, a un grupo de jóvenes que compartían la necesidad de cambiar la filosofía empresarial para prestar mayor atención a las personas y a sus ideas. Era lógico que un proyecto de este tipo naciera en Mondragón, en la cuna del cooperativismo, allí donde los trabajadores resultan aparentemente tan importantes que controlan el capital de las compañías.

Sin embargo, el MIK no ha terminado nunca de asentarse. Cuando el Grupo Mondragon decide insertarlo en la universidad, para que deje de ser un coste, Arbonies se marcha. Fernández Isoird aguantaría unos años más, hasta diciembre de 2008, cuando también decide irse por su cuenta. Y lo hizo, además, con ruido: mostró en Gara su desencanto con las cooperativas por haber dado más valor al capital que a la mano de obra y puso como ejemplo la considerable inversión de Caja Laboral en bonos de Lehman Brothers.

Hoy se puede decir que son incluso competencia. Mientras el MIK está montando Saiatu, un proyecto de emprendizaje con personas que tienen importantes problemas de inserción, Fernández Isoird se ha ido, junto con su compañero Iñigo Urkidi, a Bizkaia a hacer cosas parecidas. Y ha recabado en Barakaldo, Bermeo y Ermua, donde está promoviendo el concepto de “innovación social”, esta vez sin cooperativas.

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Iñigo Urkidi

El proyecto de Bermeo, denokinn, en el que se presenta como director, se dio a conocer recientemente como un centro de innovación hermanado con el MIT de Boston y que tiene como especial atractivo la creación de un barco-laboratorio. Una de sus principales características es la internacionalización, el mismo espíritu que está imprimiendo a su otra iniciativa, Business Innovation Brokers (BIB).

Esta vez se trata de desarrollar el “emprendizaje social”, que es algo así como convertir en emprendedores a las personas que tienen pocas expectativas de encontrar un trabajo en el mercado laboral. “Se trata de transformar a los que recurren a la beneficiencia en líderes del cambio”, resumía recientemente el periódico inglés The Guardian en un artículo sobre este proyecto.

Es un concepto muy ambicioso. Su intención es invertir casi 2 millones de euros para poner en marcha un parque de innovadores que dé posibilidades de autoempleo a 1.000 personas. Las cooperativas son su modelo, pero siempre que se mantengan con una pequeña estructura, centrándose en las personas y en el entorno en que se sitúan. The Guardian lo definía como una especie de “Silicon Valley social”. ¿Dónde estará ubicado? Intuyo que en Ermua.

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