Los créditos rápidos, normalmente telefónicos y de unos 3.000 euros, son un fenómeno que me genera todo tipo de sospechas. Creo que todavía pertenezco a una generación educada en la teoría de que no conviene vivir por encima de nuestras posibilidades y estos préstamos me asustan.

Hasta hace poco era cosa de unas entidades nuevas con nombres rimbombantes como CrediAgil, Credirecto, Freedom Finance, Banco Cetelem, Cofidis, Mediatis o Cuenta Ahora. Aunque también hay alguno con txapela, como EuskoCredits. Se dirigían a gente de escasos recursos que, por su elevado riesgo de impago, no tiene acceso al crédito bancario y empleaban el teléfono y anuncios en horarios en que la publicidad es más barata, especialmente el matinal.

Pero las cosas están cambiando. Este fenómeno está dejando de ser minoritario y cada día hay más entidades financieras tradicionales que entran en él. La última ha sido la Caja de Navarra, que incluso permite acceder a estos créditos a través de la red de cajeros automáticos.

Esto significa que casi cualquier persona podrá acceder a dinero rápido con sólo insertar su tarjeta en la máquina. Caja de Navarra incrementará sus riesgos por morosidad y probablemente ganará más a corto plazo, porque estos créditos tienen un tipo de interés muy superior, del 10,5%.

Todo muy cómodo. Pero ¿es sostenible a largo plazo una sociedad basada en el crédito? ¿No nos estamos adentrando en una burbuja financiera en la que todo lo compramos a plazos sin un respaldo real? ¿Qué puede ocurrir si mañana la economía se resquebraja? El desastre puede ser mucho más terrible que el de 1929.

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