La apuesta por la participación de los trabajadores en la empresa

(por Sabin Azua, socio director de B+I Strategy) A lo largo de los últimos tiempos estamos asistiendo a una profunda confrontación en el mundo de las relaciones laborales en nuestro país, que adquiere unos niveles inasumibles en la gestión de las empresas. El deterioro del diálogo, la falta de acuerdos en la concertación colectiva, la permanente utilización de la fuerza como elemento de presión, etc. están incidiendo de forma negativa en la competitividad de nuestro tejido empresarial.


Está situación está siendo utilizada por muchos agentes para llamar a la necesidad de superar el marco actual de relaciones laborales en el seno de las empresas. Se aboga por la necesidad de profundizar en la definición de mecanismos de gestión que realmente conviertan las empresas en organizaciones centradas en las personas, como mecanismo garante de la sostenibilidad de los proyectos empresariales de futuro.

Además de una cuestión ideológica, la necesidad de transformar las empresas en Comunidades de Personas que compartan el proyecto empresarial en su conjunto, se está convirtiendo en un principio de eficacia. No podemos garantizar la competitividad de las empresas al margen del trabajo conjunto de todos los agentes de la empresa en honda vinculación con su territorio.

Creo que es un momento oportuno para que instalemos en nuestra sociedad una praxis de gestión empresarial que facilite la toma de participación de los trabajadores en la empresa. Existen multitud de fórmulas, las cooperativas, las empresas de economía social, las empresas que facilitan la participación en el valor generado por el conjunto de la organización, la participación de los trabajadores en el capital social, la cogestión, la autogestión, etc.

Si el objetivo central de la gestión pública es la configuración de una sociedad cada vez más justa y solidaria, donde los niveles de renta entre los diferentes colectivos sociales se reduzcan lo más posible, garantizando la cultura del emprendimiento y el riesgo empresarial, no podemos dejar de actuar para favorecer la transformación de las empresas como motores de este proceso en su objetivo de generar riqueza.

En mi opinión debemos generar un marco normativo y de apoyo público a la generación de entornos favorecedores de la participación de los trabajadores en la empresa, sin prejuzgar un sistema único de participación. Debemos dejar que cada empresa, en el marco de su propia identidad, de sus modelos de gestión, de sus aspiraciones, etc., decida cuál es la fórmula que mejor desarrolle su proyecto empresarial.

Las organizaciones que fomentan la participación de los trabajadores en la empresa atesoran una serie de ventajas para garantizar la competitividad del proyecto empresarial en el largo plazo: generan un proyecto compartido entre los miembros de la organización que facilita el proceso de gestión, tienden a fortalecer la sostenibilidad del proyecto empresarial, provocan una mayor asunción de responsabilidades en todos los ámbitos de la empresa, favorecen una mayor vinculación emocional con el proyecto, democratizan la organización, establecen un nuevo marco de relaciones personales y laborales no basado en la confrontación, sino en el trabajo compartido, garantizan mayores niveles de transparencia y corresponsabilización, etc.

Yo animaría a las empresas a explorar este mundo de la participación para favorecer la mejora competitiva de las organizaciones, superando el corsé de las relaciones laborales actuales. La creación de estas comunidades de personas supone un reforzamiento de la dimensión social de la empresa, favorecen los procesos de creación de riqueza y contribuye a revalorizar el papel de la empresa en la cohesión social.

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