Todas las generaciones a lo largo de los años valoran negativamente a la juventud tachándoles de poco comprometidos con el trabajo duro. Esto es algo histórico, lo decían nuestros abuelos de nuestros padres, lo dicen nuestros padres de nosotros y lo decimos nosotros de los que nos vienen por detrás. Pero parece que en esta época se están dando situaciones extremas: gente que no va a trabajar “por estar cansado” o que abandonan su trabajo sin previo aviso.
Es cierto que la sociedad tiende hacia un equilibro entre la vida personal (ocio, familia, etc.) y el trabajo, y eso es bueno. No se trata de “vivir para trabajar” sino de “trabajar para vivir”. Creo que casi nadie puede criticar ese proceso y es evidente que un trabajador no estresado es más productivo que uno que esté de los nervios, agobiado y cansado. Pero tampoco hay que pasarse al otro lado. La exigencia de compromiso, de responsabilidad y de ganas en el desempeño es algo consustancial al trabajo. Las circunstancias del trabajo no son matemáticas y hay días en los que hay que meter más horas para dejar el trabajo bien hecho. También es cierto otros días quizás haya que trabajar menos y no estar por estar, calentado la silla.
Expertos tercian en el debate diciendo que los jóvenes simplemente responden a las malas condiciones de trabajo aplicando su desgana. Contra trabajos basura, precariedad, bajos salarios, relaciones despóticas y falta de comunicación, ellos responden con pasotismo. En otras palabras, si quieres trabajadores comprometidos, hay que “tenerles en cuenta, informarles y hacerles participar en la toma de decisiones; necesitan que creamos en ellos, que les demos confianza y oportunidades; entonces vendrán a trabajar con motivación”, señala Juan Carlos Cubeiro, director del MPA (Master in Personal Administration) de la Escuela de negocios del CEU.
Estando más o menos de acuerdo con lo anterior, también es cierto que hay ocasiones en que empleadores con buena disposición que dan buenas oportunidades a jóvenes se encuentran con situaciones que les dejan perplejos: entrevistados que lo primero que preguntan es a que hora se sale, gente que comunica su renuncia el día anterior mediante un post-it en la pantalla del ordenador, que no va a trabajar porque el día anterior ha estado de marcha y prefería dormir, que protestan cualquier esfuerzo, etc. ¿Habéis tenido experiencias similares? Dejadlas en los comentarios del post.


2/03/2010
Soy un pequeño emprendedor. Mi actividad comenzó como autoempleo porque mi salida al mercado laboral coincidió con la terrible crisis de 1990, cuando un teléfono móvil, un ordenador y una conexión a Internet eran cosas de difícil acceso para jóvenes desempleados que no nos atrevíamos a pedir un céntimo en casa. Con pocos medios de comunicación, se puede suponer que las posibilidades de búsqueda se restringen o se anulan.
Una vez que me decidí por el autoempleo, el trabajo jamás me han faltado, todo lo contrario, me ha desbordado, así hasta el día de hoy, en que sigo con desbordamiento de trabajo. Por este motivo, desde hace tiempo ya me vi en la necesidad de de tener que contar con personas para que trabajaran a mi lado. Como no quería que en estas personas se repitieran las condiciones lamentables que yo había vivido en los pocos contratos que tuve la desgracia de conseguir, traté a estas personas que contraté inicialmente a cuerpo de rey: comunicación, flexibilidad horaria, retribución económica legal (por supuesto, el sueldo de partida eran doscientas mil pesetas, nada de mileurismo, o setecientos eurismo, que de este segundo nadie habla y es la realidad porque cuando se dice mileurismo, en muchos casos en setecientoseurismo de auxiliar administrativo, que con esa categoría laboral se contrata a casi todos los licenciados) y con añadidos cuando se justificaba. Un trabajo donde yo no ejercía de ordeno y mando, sino que estábamos en equipo.
¿Saben lo que conseguí? Por supuesto, los jóvenes y no tan jóvenes que contraté estaban encantados, pero su única meta era sacarme todo lo que pudieran y no dar nada a cambio: no cumplían los objetivos y me querían hacer creer (jajajaja) que no se podían cumplir, cuando ya se pueden imaginar que mis objetivos eran casi “paternales” y asequibles, lógico ¿no?, porque no voy a tirar piedras contra mi tejado; otra persona insistía en pedir subida en el escalafón para a continuación solicitar una baja maternal + prórriga + prórroga, etc. A todas estas personas ya les dije que mi empresa no era su sitio, aunque me pasé mi mal rato para decírselo. Lloraron y patalearon cuando se fueron porque perdían algo bueno, pero creo que debían haberlo pensado antes y haberse molestado en retenerlo. Yo ye les dije que no era un “empresario” como me llamaban, sino un emprendedor que todo lo conseguía con esfuerzo, desde cero sin capital y si apoyo ninguno por lo que su respuesta al puesto de trabajo loq ue estaba consiguiendo era generarme que me fuera a pique.
Otro tipo de personas que se me presentan a optar por un puesto de trabajo corresponde a aquella que cuando le explico que soy un emprendedor y que en mi empresa tiene que venir a trabajar no sólo en hacer lo que se le da muy bien y que ha estudiado en la facultad, sino en la faceta de relacionarse con los clientes para encauzar su trabajo hacia su servicio y participar también en conseguir nuevos clientes, se niegan. En concreto, una de estas personas me escribe correos de vez en cuando y me “da ideas” de dónde buscar clientes, pero por supuesto se niega en redondo a participar en la búsqueda. Mientras tanto sobrevie con contratos un par de veces al año como profesora de Universidad y algunas veces trabaja por horas limpiando casas. Cuando me escribe correos, me pregunta que si ya le he encontrado trabajo, yo le insisto en que no tengo que trabajar yo para ella, sino que hemos de trabajar juntos, pero parece ser que tiene igualmente arraigado el concepto de empresario que se saca el trabajo para dar como los conejos de la chistera (yo) y trabajador que llega a hacer muy bien el trabajo, como al examen del colegio (ella)
Y ya termino, con otro tipo de persona muy próximo al de la actual juventud. Mi empresa es pequeña, ya lo digo, aunque el suelo es superior al que puede percibir una persona en una grande. Sin embargo, otros jóvenes a punto de licenciarse en sus carreras que se me presentan me dicen preferir una empresa donde aunque les puteen tienen un horario, un sueldo setecientos eurista, un trabajo delimitado donde no haya que poner iniciativa ni compartir nada con nadie de la empresa en equipo.
No sé si os sirve. Ya os digo que los emprendedores somos capítulo aparte en todo. La verdad es que a pesar de todo no he sido más feliz en mi vida. Y seguiré en mis planteamientos de trabajar en equipo con personas polivalentes que no necesitan un jefe detrás.
Bueno, y agur, que mi día ha empezado a las 6 de la mañana y estoy aquí comentando en este blog cuando me espera una montaña de cosas ya
Y que no se me olvide: van apareciendo personas polivalentes y autónomas, pero desde hace tiempo en lugar de empezar por hablar y comunicar planteamientos, que también lo hacemos, nos hablamos con las obras, cuando se sabe entablar y mantener ese diálogo es cuando va cuajando el personal
Tanto error es trabajar de más, como trabajar de menos.
El buen trabajo debe hacerse dentro de las horas laborales , ya son bastantes.
Las horas extras son consecuencia de una mala gestión del trabajo por parte de la dirección de la empresa.
Una de las funciones de los jefes es gestionar el trabajo: Al trabajador responsable, se le carga con el trabajo del vago, que es el que tiene tiempo para promocionarse en la empresa.
Así funciona este País.
De acuerdo por completo, siempre el que es trabajador acaba trabajando de más, en las buenas y en las malas empresas.