Todas las generaciones a lo largo de los años valoran negativamente a la juventud tachándoles de poco comprometidos con el trabajo duro. Esto es algo histórico, lo decían nuestros abuelos de nuestros padres, lo dicen nuestros padres de nosotros y lo decimos nosotros de los que nos vienen por detrás. Pero parece que en esta época se están dando situaciones extremas: gente que no va a trabajar “por estar cansado” o que abandonan su trabajo sin previo aviso.

Es cierto que la sociedad tiende hacia un equilibro entre la vida personal (ocio, familia, etc.) y el trabajo, y eso es bueno. No se trata de “vivir para trabajar” sino de “trabajar para vivir”. Creo que casi nadie puede criticar ese proceso y es evidente que un trabajador no estresado es más productivo que uno que esté de los nervios, agobiado y cansado. Pero tampoco hay que pasarse al otro lado. La exigencia de compromiso, de responsabilidad y de ganas en el desempeño es algo consustancial al trabajo. Las circunstancias del trabajo no son matemáticas y hay días en los que hay que meter más horas para dejar el trabajo bien hecho. También es cierto otros días quizás haya que trabajar menos y no estar por estar, calentado la silla.

Expertos tercian en el debate diciendo que los jóvenes simplemente responden a las malas condiciones de trabajo aplicando su desgana. Contra trabajos basura, precariedad, bajos salarios, relaciones despóticas y falta de comunicación, ellos responden con pasotismo. En otras palabras, si quieres trabajadores comprometidos, hay que “tenerles en cuenta, informarles y hacerles participar en la toma de decisiones; necesitan que creamos en ellos, que les demos confianza y oportunidades; entonces vendrán a trabajar con motivación”, señala Juan Carlos Cubeiro, director del MPA (Master in Personal Administration) de la Escuela de negocios del CEU.

Estando más o menos de acuerdo con lo anterior, también es cierto que hay ocasiones en que empleadores con buena disposición que dan buenas oportunidades a jóvenes se encuentran con situaciones que les dejan perplejos: entrevistados que lo primero que preguntan es a que hora se sale, gente que comunica su renuncia el día anterior mediante un post-it en la pantalla del ordenador, que no va a trabajar porque el día anterior ha estado de marcha y prefería dormir, que protestan cualquier esfuerzo, etc. ¿Habéis tenido experiencias similares? Dejadlas en los comentarios del post.