Hay dos empresas vascas que destacan por la tecnología que aportan a los aeropuertos: Ikusi, que fabrica letreros luminosos, e Imat, que provee los bancos de diseño de las salas de espera y quiere hacer lo propio con los mostradores de facturación. Su fundador y consejero delegado, Jesús Guibelalde Iñurritegui, es una de las mentes más innovadoras que conozco y uno de los empresarios más admirables de Euskadi.
Conocía su empresa pero no a quien está detrás, hasta que los periodistas Andrés Goñi y Sergio Tejero lo han incluido en el libro “Empresarios Made in Alava”, que amablemente me han remitido. La tecnología no es lo más importante de su compañía pero sí lo son el diseño, el marketing y su capacidad para cambiar una estructura que producía cunas para niños en uno de los principales proveedores mundiales de mobiliario para aeropuerts.
Sucedió en los años setenta. Guibelalde trabajaba para Seaska, un fabricante de productos para bebés al que no le iba bien económicamente. La compañía iba a cerrar y es él quien comienza a estrujarse el cerebro para poder recuperar las 25.000 cunas ya producidas y que no tenían salida en el mercado. La conclusión final fue que lo ideal era convertirlas en hierros para muebles de diseño.
Así nació en el Polígono vitoriano de Júndiz la firma Imat, Industria Manufacturera del Tubo. Una crisis se convertía así en una oportunidad. Y el producto funcionó durante varios años, hasta que una nueva caída de la demanda le obligó nuevamente a reconvertirse 20 años después. Es así como en 1994 Imat da el salto a los asientos de diseño exclusivo, de los que hoy es uno de los líderes mundiales.
Ha llevado este producto a 130 aeropuertos, destacando los 14.000 colocados en el de Barajas, que es probablemente su mejor escaparate. Todos los hemos usado una o más veces. Su virtud no es precisamente la comodidad, pero sí su resistencia frente a rozaduras y huellas, la simplicidad del montaje, las facilidades para su limpieza y, obviamente, su diseño funcional.
Imat, que invierte todos los años cientos de miles de euros en I+D, fabrica más de 3.000 bancos al mes y exporta a los cinco continentes. El hecho de que naciera de un fabricante de cunas demuestra que ingenio, persistencia y vocación global son las claves para salir de cualquier crisis. Gubelalde ya ha sacado a su empresa de dos bien diferentes.
Y lo más interesante de este empresario, que aunque trabaja en Alava es originario de Legazpia, es que antes que reconocer su éxito prefiere criticarse a sí mismo: “Si hace 30 años se nos hubiera ocurrido fabricar los chismes que fabrican ahora para los bebés, hoy no estaríamos haciendo mobiliario para aeropuertos. Siento añoranza por no haber inventado los diseños de los coches y las cunas que se ven hoy”, reconoció a Andrés Goñi y Sergió Tejero, que lo entrevistaron en Radio Vitoria.
De esa humildad nace probablemente la apertura de mente de este empresario, que es hermano del ex consejero delegado de Campofrío y de una alto cargo del PNV de Gipuzkoa. Véase en este sentido su percepción de la actual crisis: “Tardaremos en superarla. Después nacerá otro nuevo sistema y habrá que estar preparados. El futuro está rodeado de incógnitas, pero nos va a exigir mucho más esfuerzo, más imaginación, más inversión, más innovación…”
(Actualización 25.12.12) Parece que Imat no era tan innovador como parecía. El auténtico diseñador de sus asientos es un diseñador que trabajaba para la compañía y que hizo los primeros bocetos de lo que se conoce como “bancada Sardi” en 1993 antes de firmar un acuerdo de comercialización que le generaría un 7% de todas las ventas. Sin embargo, Imat registró el “modelo industrial” sin su conocimiento como si fuera suyo y, por tanto, “de mala fe”. Un juzgado de Vitoria acaba de condenar a Imat a indemnizarle con 1,1 millón de euros.
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28/05/2012
Una propuesta para la compañía de Gibelalde: que haga los bancos del aeropuerto de Manchester más cómodos para poder echar una siestecilla
Doy fe de que son incomodísimos
no es tan bueno el hombre,ni buen empresario.
vean esta noticia
http://www.elmundo.es/elmundo/2012/12/24/paisvasco/1356338367.html