La decisión de la Diputación de Gipuzkoa de no conceder a Europistas la gestión del tramo Eibar-Hendaia de la A-8, pese a que su oferta era la más barata, ha vuelto a poner de actualidad las oscuras relaciones entre medios de comunicación, constructoras y políticos vascos. Grupo Correo, cuyo consejero delegado es al mismo tiempo hermano de uno de los principales accionistas de Ferrovial, la compañía que controla Europistas, ha protestado limitándose a augurar “ineficiencias” por el hecho de que la autopista tendrá ahora gestores distintos en cada provincia.

La nueva concesionaria del tramo guipuzcoano tampoco se salva de las curiosas conexiones mediáticas. Dragados, el principal accionista del grupo agraciado, actúa habitualmente en Euskadi bajo el paraguas de Tecsa, una compañía que controla la constructora madrileña y cuyo vicepresidente, Andoni Etxeberria, ha sido presidente de Deia. Otro de los miembros de esta agrupación es Serbitzu Elkartea, una empresa de limpiezas con sede en Azkoitia que tiene entre sus propietarios a los accionistas de la firma que gestiona la grúa de Bilbao, recientemente criticada por sus conexiones con la que opera la OTA.

El tercer socio de este consorcio es Asfaltos Naturales de Campezo, una de las compañías que soporta financieramente al Periódico de Alava, próximo al PNV. Se da la circunstancia de que este diario está aireando estos días un presunto caso de corrupción a favor de Gesypro, una empresa propiedad de un alto cargo del PP, Rafael Jaime.

El hecho de conceder la gestión de la A-8 al consorcio que había presentado la oferta más cara no es exclusivo de Gipuzkoa. También en Bizkaia la Diputación decidió que no todo era cuestión de precio, aunque esta vez el agraciado fue Europistas, asociado con las mismas constructoras con las que se adjudicó hace unos años los Túneles de Artxanda. Los principales gestores de estas compañías son, al mismo tiempo, miembros del Consejo de Administración del Athletic de Bilbao, la otra gran institución de Bizkaia.

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