Atención a lo que cuenta Thomas Krens, director de los museos Guggenheim, hoy en El País: “Cuando llegué a Bilbao la situación allí era realmente peligrosa. Recibí amenazas de terroristas vascos, decían que más me valdría mantenerme alejado. Tenía guardaespaldas, coche blindado”. Y después compara la situación con Oriente Medio.
Ya conocíamos que habían tratado de atentar el día de la inauguración y que el museo no les gustaba porque era “extranjero”. Pero ser conscientes de que la banda podía haber arruinado desde el principio uno de los proyectos más exitosos (por no decir el más) que se han abordado en Euskadi en los últimos 30 años es realmente triste. ¡Menos mal que los gestores del Guggenheim fueron valientes! ¿Hasta dónde habría podido llegar el “efecto Guggenheim” de no existir ETA?


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"El Guggenheim y ETA"
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