Cuando Aernnova, la antigua Gamesa Aeronáutica, pasó a estar participada por Caja Castilla La Mancha, hubo una sorpresa generalizada. Nadie entendía por qué se dejaba escapar de Euskadi el control de una compañía estratégica. La consejera de Industria, Ana Agirre, ha explicado finalmente lo que sucedió durante un debate parlamentario.

Básicamente, que el Gobierno Vasco no tenía en ese momento capacidad financiera para entrar en el capital de Aernnova. Tampoco estaba puesto en marcha el “fondo de participaciones industriales“, el instrumento que el Ejecutivo está promoviendo para actuar de forma masiva en el campo del capital-riesgo dentro del marco del Plan de Competitividad. Y es que el Gobierno reconoce que el capital-riesgo es una de las mayores debilidades con que se encuentra la economía vasca, especialmente cuando se compara con la de EE.UU.

“Si hubiéramos tenido ese fondo de participaciones industriales en marcha cuando se produjo la venta de Gamesa Aeronáutica, ese hubiera sido uno de los proyectos en los que hubiéramos entrado directamente en la posición que hoy ya ocupa Caja Castilla La Mancha”, admitió Agirre. Este sistema de capital-riesgo estará conformado por el Gobierno Vasco y las diputaciones (40%) y por las cajas de ahorros (60%).

Este reparto está justificado por la exigencia europea de control privado de este tipo de fondos. Además, el Gobierno Vasco se ha encontrado con una dificultad adicional para poner en marcha este instrumento financiero: el dinero. Como se trata de recursos muy elevados (se habla de 400 millones de euros, aunque el Gobierno Vasco pone algo menos de 100), el propio Ejecutivo se autoimpuso que tenían que proceder de desinversiones en participaciones industriales ya consolidadas. Y al parecer, ese dinero ha venido finalmente de la venta a Iberdrola del 50% de Eólicas de Euskadi.

Pese a la intervención de Caja Castilla La Mancha, Aernnova ha mantenido su sede en Alava, donde trabajan 1.300 empleados y se mantiene la mayor parte del I+D. El Gobierno Vasco, que en su momento bloqueó temporalmente varias ayudas públicas a Aernnova, mantiene su intención de participar en la empresa, aunque está más interesado por su filial de energías renovables, Orisol. La firma alavesa facturó el año pasado 400 millones de euros, un 23% más que en 2006.

Lo que no se pudo evitar en su momento fue la marcha de S21Sec, una compañía guipuzcoana de seguridad informática que tuvo que recurrir al capital-riesgo para crecer y se encontró con una mano amiga en Navarra. La exigencia fue, eso sí, que la sede social se mudara de Donostia a Pamplona.

Por cierto, antes de que existiera el fondo de participaciones industriales, en Euskadi había otros instrumentos de promoción de las nuevas empresas. Hemos hablado varias veces del Banco de Vizcaya, auténtico promotor histórico de proyectos tecnológicos. Pero también hay que destacar el papel que jugó durante años más recientes IBV (50% Iberdrola y 50% BBVA), heredero de esta vocación del Banco de Vizcaya.

De hecho, Gamesa no deja de ser una empresa “acogida” por IBV, que le inyectó dinero y la convirtió en uno de los líderes en aeronáutica y posteriormente en energías renovables. Sin embargo, IBV lleva varios años paralizada y dedicada únicamente a vender su patrimonio. Esta situación coincide en el tiempo con la irrupción en el BBVA de Francisco González y la salida de una gran parte de los ejecutivos vascos. Su presidente, Alfonso Basagoiti, aseguró el viernes que las cosas van a cambiar pero no dio datos muy precisos.

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