El respaldo a los opositores a la fusión de las cajas vascas de una parte importante (el 35% directamente) de los compromisarios que representaban a los clientes de la Caja Vital obliga a reflexionar seriamente sobre el proceso de integración. Seguir por el camino emprendido hasta ahora, como si nada hubiese cambiado, no es la mejor idea. Está claro que hay muchos clientes de la Vital que quieren seguir trabajando con su caja y no con otra unificada.

Caben tres alternativas:
- Seguir adelante con la fusión, sin cambiar nada, con el riesgo de que se genere un cáncer en el seno de Caja Vital que acabe con parte de sus clientes cerrando sus cuentas. Ninguna empresa seria se puede permitir esto.
- Cancelar la fusión de las cajas o fusionar sólo a Kutxa y BBK, donde parece haber más consenso. De hecho, si desde el principio se rechazó la idea de unir fuerzas con Caja Navarra, tampoco debería haber problema para hacer lo mismo con la Vital. Al final y al cabo, si la fusión tiene una finalidad exclusivamente económica, Kutxa y BBK son mucho más grandes que la caja alavesa y se pueden bastar por sí mismas.
- Sentar a todo el mundo a hablar y abrir un debate claro entre la clientela de la Vital y, ya de paso, de las otras entidades. Si la fusión es tan buena, ¿por qué no se explican claramente estas ventajas para que los clientes puedan optar en libertad?

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