florentino-perezComo era de esperar, la eliminación del blindaje de las empresas cotizadas, entre las que destaca especialmente Iberdrola, ha llegado a la política vasca. El PSOE defiende, aunque tímidamente desde Euskadi, que los consejos de administración representen plenamente a los principales accionistas, mientras el PNV se ha posicionado radicalmente en contra, advirtiendo de que esta medida podría suponer la deslocalización (fuera de Bizkaia) de la eléctrica e incluso de Petronor. ¿Qué hay de real y qué de político?

La amenaza es real, pero no tanto por que las empresas se puedan ir de Euskadi. Petronor sólo tiene una refinería, que es imposible trasladar a otro sitio. Por tanto, el riesgo no existe. Iberdrola tampoco se va a marchar de Euskadi, porque hace tiempo que se fue. Lo único que mantiene en Bilbao es la sede social, que como la del BBVA es más virtual (o fiscal) que otra cosa, y la dirección de compras, que sigue en Euskadi porque la mayor parte de los proveedores de la eléctrica están precisamente aquí. Y estos últimos no se van a mover fácilmente.

La verdadera amenaza es que Iberdrola se pueda deshacer en trozos, que es probablemente lo que le puede interesar a ACS, máximo accionista de la firma vasca. Su 12% del capital no tiene hoy un alto valor, pues a un posible comprador, presumiblemente una multinacional de la competencia, no le serviría para tener siquiera un mínimo control de la compañía. Esto es precisamente lo que va a cambiar con la nueva regulación aprobada en Cortes: se podrá mandar mucho sin pasar del 50% del capital.

Por esto último está claro que quien realmente está detrás de la eliminación del blindaje de las empresas cotizadas es ACS y especialmente su presidente, Florentino Pérez, hábil como nadie en el ruedo político, desde que conociera los entresijos de esta actividad como concejal de Madrid y alto cargo del ministerio de Transportes con la UCD de finales de los años setenta. De hecho, El Correo ha desvelado estos días que el también máximo responsable del Real Madrid ha hecho lobby con PNV y PSE, con el fin de calmar los ánimos, llegando a asegurar que nada cambiará respecto a la sede social de Iberdrola.

No lo hará, obviamente, porque no depende de él. ¿Y trocearla? Si puede, lo hará. Es a lo que se ha dedicado toda la vida y, además, sabe hacerlo a la perfección y sin más prejuicios que los que pueda tener cualquier multimillonario. Y ahí radica el problema: en que Iberdrola está mejor bajo el control de alguien con un proyecto industrial, como hasta ahora parece haber sido el caso de Galán, que de meros especuladores.

Incluso el bueno de Ramón Jauregui, que siempre me ha parecido que posee un excelente criterio, se ha posicionado a favor de ACS. “Por supuesto que no va contra Euskadi”, afirma. Y como he dicho, tiene razón, pero el problema no es que la eliminación del blindaje vaya contra la CAV sino que va contra toda España, porque supone poner un tesoro nacional en manos de alguien que ha demostrado no tener especial cuidado, salvo con su bolsillo.

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