El otro día, aprovechando un tiempo muerto en Donosti, me metí en la FNAC. Me gustan mucho los libros y no pure resistirme a la tentación de curiosear y comparar esta tienda con otras que conozco de esta empresa en Madrid y Barcelona.

Hay que admitir que Donosti ha ganado muchos enteros comercialmente. Viví allí hace más de diez años y entonces era muy difícil encontrar grandes cadenas internacionales en la ciudad. Además, el hecho de tener una FNAC, la primera de Euskadi, da cierto prurito intelectual a Donosti.

Eso sí. La tienda no se puede comparar con otras que conozco de esta misma empresa. Estuve curioseando en la sección de libros de política y me llamó la atención la escasa sensibilidad local que han tenido. Además, de tener menos obras sobre temas vascos que en la tienda de Madrid, apenas es posible encontrar cosas en euskera.

Por lo demás, esta FNAC es igual que las demás: estrecha, con los libros siempre en la última planta y la tecnología mucho más a mano (está claro dónde tienen más margen), con cafetería interna, con todo tipo de productos culturales, etc. Creo recordar que la FNAC no es exactamente una empresa sino una asociación de artistas, lo cual al final da igual pero es ‘bonito’. ¡Y pronto también en Bilbao!

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