La campaña electoral es tiempo de apropiación de cosas que deberían ser de todos y estar a salvo de ideologías y partidismos. Si Patxi López se adjudicó hace dos días el futuro de las energías renovables, Ibarretxe hizo ayer lo propio con el éxito del Guggenheim.

Vino a decir que el museo no se habría podido hacer sin el PNV. Esto no es cierto. El Guggenheim fue posible gracias al empecinamiento de dos instituciones, la Diputación de Bizkaia y el Gobierno Vasco, y de sus correspondientes responsables políticos, muchos de ellos vinculados al PNV. Da la circunstancia, además, de que uno de ellos, el entonces consejero de Cultura Joseba Arregi, es hoy votante del PSE.

No fue el PNV el que sacó adelante el museo sino las instituciones. El PNV puede decir, y con orgullo, que sus militantes han administrado bien. En el caso del Guggenheim, brillantemente, todo hay que decirlo. Pero no puede apropiarse de esos éxitos como partido. De hecho, si así fuera, también habría que adjudicarle el grave fracaso que ha supuesto tener a un (presunto) chorizo como director financiero del museo.

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