Tres personas tan distintas como el consejero Carlos Aguirre, el diputado general de Bizkaia y el ex rector de la UPV Pello Salaburu han abierto estos días un debate fundamental: el futuro de las ayudas sociales. ¿Podemos seguir indefinidamente ofreciendo dinero y casa a los que agotan el paro? ¿Son buenas estas ayudas?

En política se tiende a simplificar con aquello de que los que apoyan estas prestaciones sociales son generosos progresistas de izquierdas y los que las quieren quitar son insolidarios carcas de derechas. ¡Esto no es cierto! La única realidad es que dar dinero al que no trabaja es digno de ricos, lo que explica por qué esta “renta básica” existe en Euskadi pero en Andalucía sólo está disponible para los que ingresan menos de 364 euros al mes, pese a que el PSOE lleva 25 años gobernando esta última comunidad.

Como dijo Urkullu, los 420 euros aprobados por el Gobierno de Zapatero para los parados que hayan agotado sus prestaciones en el último año ya existían en la CAV desde hace casi 20 años. Hay que destacar también que fue el PSE el que “forzó” su existencia tras entrar en el Ejecutivo presidido por Ardanza y en las tres diputaciones forales.

Es el Concierto económico el que nos permite quedarnos dinero para pagar a nuestros “pobres”, en lugar de repartirlo con otras comunidades, como puede suceder en Cataluña, muy a su pesar. Por tanto, no hay que olvidar nunca que se trata de solidaridad con nuestros necesitados, en detrimento de la que podría existir hacia los de otras regiones. Hay que elegir, porque el dinero no es infinito. La ventaja es que tenemos esa opción.

En este tema hay que hacerse dos preguntas:

1. ¿Somos tan ricos como para compartir parte de nuestro patrimonio con los que más lo necesitan?

2. ¿Es bueno para la sociedad ayudar al que no trabaja? Dicho de otra forma: ¿Existe el riesgo de que los que no trabajan se acomoden al percibir que pueden vivir sin hacer nada?

La primera pregunta es la que se hicieron el otro día tanto el consejero de Economía, Carlos Aguirre (PSE), como el diputado general de Bizkaia, José Luis Bilbao (PNV). Aguirre, tras constatar el espectacular descenso de la recaudación, advertía que si esta bajada es “estructural” (es decir, que se mantendrá en el tiempo), no quedará más remedio que recortar ayudas. Dicho de otra forma: ya no somos tan ricos.

Bilbao se explicó aún más, tras aportar un dato contundente: el presupuesto del Departamento de Acción Social ha crecido un 117% en los cuatro últimos años y hoy supone 604 millones de euros al año. Y abrió el debate con estas preguntas: “¿Cómo se paga esto? ¿Cómo hacemos que el sistema sea sostenible? ¿Qué va a pasar en las situaciones de tensión presupuestaria que nos está tocando vivir?”

Lo que está pidiendo en el fondo es que se deje de hacer un uso político-comercial de las ayudas sociales. Es decir, que se rompa ese debate artificial izquierda-derecha y se empiece a plantear el tema en términos exclusivamente técnico-económicos: ¿Tenemos dinero o no tenemos dinero para pagar la renta básica? ¿Seguimos siendo tan ricos?

Para ello, es preciso un acuerdo de todos los partidos para que dejen de una vez el marketing al margen de la política. La única aportación que podemos hacer desde aquí, además de respaldar plenamente a aquellos líderes que como Bilbao actúen con responsabilidad, es estar muy atentos para sacar los colores al que siga aprovechando este tema para captar votos.

Pello Salaburu, por su parte, trataba de abrir el debate especialmente en torno a la segunda pregunta, la de la función social de la renta básica y las ayudas a la vivienda. Y acusaba a los políticos de estar obviando este tema por pura prudencia. También se refería a la picaresca, aunque esto último sólo hay dos formas de combatirlo: con inspecciones y con un cambio ético-cultural.

Uno de los ejemplos de Salaburu es especialmente oportuno: si un licenciado universitario va a cobrar un sueldo mileurista, ¿es justo que una persona que haya agotado el paro reciba más de 890 euros con sólo pasarse por una oficina municipal? “Lo que podemos estar fomentando, sin ser conscientes, es la vagancia y el gorroneo social”, apuntaba.

Creo que para abrir el debate podemos apuntar una serie de claves:

- Hay personas que realmente necesitan ayuda, porque les es completamente imposible encontrar trabajo. Hablamos de gente con cierta edad y que no han sabido o podido reciclarse a lo largo de su vida laboral. Pero me resulta contradictorio que una persona de 30 años pueda (o incluso deba, por su propio bien) cobrar una renta básica.

- No cabe duda de que la prestación por desempleo es un pago temporal, mientras se encuentra otro trabajo. Tiene sentido que dure dos años en periodos de crisis, cuando es más difícil conseguir otro empleo, pero es absurdo que sea así durante las expansiones económicas. No hay que olvidar, en cualquier caso, que esto supone un sobrecoste para las empresas en sus cotizaciones a la Seguridad Social y, por tanto, nos hace menos competitivos. Además, debería reducirse a lo largo del tiempo, para estimular la búsqueda de empleo.

- Existe mucha picaresca. Esto sólo se combate con inspecciones y con castigos ejemplarizantes. Para que esto último sea cierto, se deberían hacer públicos los nombres y apellidos de todos los condenados por “robarnos a todos”. Esas personas deberían perder su derecho a la privacidad. Hay que ser muy transparentes en la lucha contra el fraude.

- Con todas las necesidades que hay a nuestro alrededor, es absurdo que se pague indefinidamente a una persona, sin que entregue nada a cambio a la sociedad. ¿Qué pueden hacer? En un minuto he pensado en limpieza de montes y parques, atención a personas mayores o incluso, cuidado de niños para que sus padres puedan tener más tiempo para hacer otras cosas. Prefiero que se creen este tipo de empleos a que sigamos manteniendo en la beneficencia a un porcentaje elevado de la sociedad.

- Internet y la Web 2.0 están dando enormes oportunidades de crear nuevos proyectos en todo tipo de temáticas y sin necesidad de invertir un duro. ¿Tan difícil sería enseñar a esta gente a programar lo mínimo para que puedan montar algo dentro de Facebook? Tendríamos de golpe miles de emprendedores. Pero, claro, para eso hace falta cambiar nuestras escuelas y universidades para que, entre otras cosas, los jóvenes hablen más inglés.

- Hace falta un cambio cultural, especialmente a nivel educativo. Seguimos adiestrando a nuestros hijos para que busquen un trabajo por cuenta ajena o como funcionarios y se olviden de luchar por un futuro mejor. Este error nos pasa factura constantemente, porque hay mil cosas que hacen otros porque aquí a nadie “se le ocurren”.