La tormenta financiera de la crisis subprime en Estados Unidos comienza a dibujar claramente su efecto en España. Por un lado el consumo se desacelera a pasos agigantados, al tener bastante las familias con llegar a fin de mes para pagar las letras de sus préstamos hipotecarios (por cierto con un Euribor rozando el 5%) y por otro lado se han endurecido las condiciones para conceder un préstamo por parte de las entidades financieras. En ambos casos la pyme (en mayor grado las orientadas al mercado de consumo) se ve afectada al tener que evitar sufrir una caída en sus ventas y además en su búsqueda de financiación para lanzar nuevos proyectos empresariales.
La búsqueda de capital se ha convertido en una obsesión para las pymes, que ven como la dificultad crece a medida que estas son de tamaño más reducido. Según indicadores del Banco Central Europeo las entidades financieras son más reacias a prestar dinero a empresas que a consumidores. Ello se sustenta en la mayoría de los casos por el incremento de la tasa de morosidad, suspensiones de pagos y la falta de garantías reales de las primeras. No cabe duda de que las pequeñas y medianas empresas son las que más pueden sufrir la posible reducción o los cambios en el flujo crediticio frente a las mayores empresas.
Si a todo ello, le sumamos la subida imparable del petróleo, las materias primas y como consecuencia de lo anterior la inflación, nos encontramos con que el Banco Central Europeo mantendrá o incluso pudiera subir levemente los tipos de interés a finales de año si la inflación no se controla por debajo del 4%.
Para conceder sus préstamos los bancos se están fijando especialmente en las expectativas de la economía y las posibilidades de crecimiento de la compañía más que en su liquidez. De todas formas lo que está claro es que los empresarios deben agudizar el ingenio para tener acceso al dinero. Por fortuna, existen otras alternativas de financiación para la pyme, empezando por las ayudas oficiales, que se han incrementado gracias a las medidas aprobadas por el Gobierno contra la desaceleración. Acudir a las líneas ICO pyme es lo más lógico, aunque hay que tener en cuenta que al final las subvenciones trasladan el IVA al cliente al ser subvencionada exclusivamente la base imponible de la inversión efectuada.
Las empresas vascas tienen, en términos generales, una estructura financiera mucho más saneada que en cualquier otra fase de desaceleración conocida. Son mayores y mejores sus recursos en gestión empresarial; están más abiertas al exterior, cuentan con una Administración vasca que apuesta claramente por estas líneas de acción empresarial y disponen de un sistema financiero muy solvente. Por ello debieran tener más fácil acceder al crédito ya que no son tan dependientes del sector de la construcción e inmobiliario. Por no hablar de que las entidades financieras vascas (las cajas) está menos “pilladas” que muchas otras.
Pese a la delicada situación financiera, siempre queda tener confianza en la economía vasca, cuyo motor se basa en la industria frente al sector inmobiliario, que sufre con mayor virulencia el enfriamiento económico. La desaceleración es un hecho y, hasta bien entrado el año que viene, vamos a encontrarnos en ese escenario. Pero las empresas, desde el punto de vista del trabajo, salvarán este ejercicio.
Por supuesto, siempre quedarán otras alternativas a través de salir a Bolsa, ampliar capital dando entrada a nuevos socios, avales de créditos por parte de entidades de garantía recíproca, compañías de capital riesgo, business angels e incluso buscando una empresa de mayor tamaño con la cual compartir un proyecto en común.
¿Será solo este el principio de un ajuste brusco?. Por si acaso lo recomendable es apretarse el cinturón y como en el cuento de la hormiga y la cigarra, los que fueron previsibles en los tiempos del ciclo económico expansivo, pasarán con más garantías la tormenta.


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"El crédito se endurece para las pymes en Euskadi"
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