La especulación urbanística es uno de esos temas que me generan auténtica indignación, porque muestra lo peor del genéro humano. Y creo que hay que empezar a denunciar con nombres y apellidos a quien practica esta actividad. Por eso no he podido resistirme a escribir sobre el caso del Colegio Hijas de la Cruz de Santurtzi, cuyos terrenos han pasado a manos de una promotora, sin que las monjas que lo regentan hayan podido hacer nada para evitarlo.

El tema es un tanto complejo. Resulta que el centro escolar se creó en el siglo XIX a raíz de una donación de Cristóbal Murrieta (vinculado familiarmente con Joaquín Murrieta, “el zorro” mexicano), que traspasó los terrenos a una fundación con su nombre con el compromiso de que fueran destinados a labores educativos. La congregación Hijas de la Cruz se hizo cargo del colegio, que ha venido gestionando durante décadas.

Sin embargo, el actual presidente de la fundación, José Manuel Mitjans y Domecq (su abuela era Murrieta), marqúes de Santurce y duque de Santoña, acaba de vender los terrenos a una promotora inmobiliaria por 9 millones de euros. Como no podía ser de otra manera, las monjas han reaccionado con indignación y también se ha sabido que el Ayuntamiento no había protegido convenientemente este suelo para evitar que se pudiera especular con él.

¿Quién es el comprador? La inmobiliaria Florester, propiedad de la familia getxotarra Goicolea, que ya posee otra centro próximo, el San Francisco Javier, y la residencia de estudiantes Ikasle, que también va a ser transformada en viviendas. ¿Y qué pretenden hacer? Según la prensa, construir un centenar de pisos. ¿Y a dónde han ido los nueve millones de euros? La fundación Murrieta asegura que irán destinados a fines sociales. Sin palabras…

(Actualización 28.02.09) Parece que vuelve a saltar el escándalo en Santurtzi de la mano de los Goicolea. Esta vez es una promoción de Adreilu, una empresa controlada por esta familia que ha entrado en suspensión de pagos.

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