Tenía que pasar. El Guggenheim es una joya, pero su gestión es sumamente oscura. Y lo ha venido siendo desde antes incluso de su fundación, con sendas investigaciones del Tribunal de Cuentas sobre los “excesos” durante su construcción y la contratación como director de Recursos Humanos del hijo de un importante cargo político. El desfalco que hoy se ha conocido no es, por tanto, extraño.

Los hechos son más o menos los siguientes:
- El Museo contrata en 1992 a Roberto Cearsolo Barrenetxea, un licenciado de la Comercial de Deusto de 48 años, como subdirector financiero. Por entonces, el Guggenheim era un mero proyecto. En 2000 pasa ya a ser director financiero.
- El tío sabía un rato de finanzas y año a año se fue llevando dinero sin que nadie se diera cuenta. En total, transfirió a sus cuentas o emitió cheques a su nombre por un total de 486.979 euros. Al parecer, los mayores desfalcos se produjeron en 2005, donde tuvo que maquillar incluso la contabilidad y un extracto de la BBK con el saldo a final de año.
- El año pasado, el Tribunal Vasco de Cuentas inicia una investigación sobre la pérdida de 6 millones de euros por una mala gestión de divisas en una operación de compra de obras de arte. Esta investigación permite conocer casualmente que algo raro había ocurrido en 2005, el mismo año en que se realizó esa adquisición.
- A 3 de abril de 2008 el Museo inicia una investigación interna que permite conocer la realidad contable de 2005. No se ha dicho, pero es muy probable que lo que ocurre es que se detecta que las cuentas a las que transfirió el dinero eran suyas.
- El 9 de abril de 2008 el imputado reconoce lo ocurrido en una carta al director del Guggenheim y asegura haber devuelto la mitad (287.900 euros) además de comprometerse a devolver el resto en tres meses.
- El Museo ha decidido finalmente despedir a Cearsolo y denunciarle por estafa.

Lo primero que hay que hacer es felicitar al museo por investigar el asunto y, sobre todo, por sacarlo a la luz. Lo más cómodo habría sido callarse y dejar que Ciarsolo devolviera el dinero. Se ha preferido la opción más dolorosa, pero también la más limpia y ética. Pero también hay que preguntarse seriamente por qué un director financiero puede robar dinero impunemente sin que nadie se dé cuenta. ¿No es demasiado dinero como para que pase desapercibido el exceso de gasto?

(Actualización 29.09.09) Cearsolo ha confesado haber cometido el desfalco y ha aceptado una pena de tres años y medio de prisión. Al parecer, ha devuelto hasta ahora 437.900 euros, con lo que sólo le quedan por reintegrar unos 120.000 euros.

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