windsorCorría febrero de 2005 y el edificio Windsor de Madrid había ardido por completo. La reconstrucción era imposible, así que las autoridades y los propietarios, la familia burgalesa-bilbaína Reyzabal, decidieron derribarlo. El trabajo se adjudica a Grúas Usabiaga, la única empresa que disponía de material mecánico para realizar una demolición de esta naturaleza, ante la imposibilidad de usar explosivos.

El éxito fue total. La firma vasca consiguió terminar el derribo dos meses antes de lo previsto y sin dañar a ninguno de los edificios colindantes. Usabiaga creó para este trabajo una nueva filial, Demoliciones Usabiaga, que ideó un nuevo sistema de demolición basado en excavadoras y grúas controladas a distancia. Los detalles se pueden leer aquí.

¿Y cómo aprendió Usabiaga a demoler edificios? Esta es la historia menos conocida. En diciembre de 2004, un mes antes, la empresa de Ordizia había llegado a un acuerdo con el Gobierno Vasco para derribar el hospital de Leioa, un imponente edificio construido en los setenta y que nunca llegó a utilizarse. Allí, Usabiaga pudo experimentar con este tipo de trabajos, un negocio que no hará sino crecer en el futuro.

Por cierto, la familia propietaria de la Torre Windsor, los Reyzábal, liderada por Juliantxo Reyzábal Larrouy, tienen una cadena cines en Madrid, que incluye salas como Callao, Consulado, Liceo, Velázquez o Princesa, y también tuvieron la distribuidora Izaro Films, que introdujo en España películas como Acorralado o Ramo y que se hizo famosa por su música acompañada de imágenes de la isla de Izaro. Los Reyzábal también eran copropietarios de Torre Picasso.

El fundador de este imperio, Julián Reyzábal Delgado, había nacido en Caleruega (Burgos) en 1903 pero muy joven se trasladó a Bilbao, donde fue trabajó como reventa del cine Coliseo Albia, antes de desplazarse definitivamente a Madrid. De hecho, alguno de sus hijos llegó al mundo en la capital vizcaína, de donde también era oriunda su mujer, Milagros Larrouy Orive, cuyo cuñado, Alejandro Beitia Bea, gestionaba precisamente el Coliseo Albia. Otras pruebas de bilbainismo son su devoción por la Virgen de Begoña, en cuyo honor fundó una gruta en la localidad madrileña de Miraflores de la Sierra, y por el deporte de la pelota. De hecho, construyó un par de frontones en Madrid y consiguió que uno de sus hijos fuera campeón de España de pala por parejas y medalla de plata en los Juegos de México de 1968.

Foto: Manuel González Olaechea

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