alakranaLos pescadores secuestrados están ya en casa, pero el caso Alakrana sigue abierto. Básicamente, porque aún no está cerrado. Por razones económicas, no se puede permitir que los piratas se salgan con la suya. Si el Gobierno no intervino en su momento, estoy convencido de que los armadores lo harán en breve.

Lo cierto es que hay un rumor muy extendido que dice que los propietarios de buques de toda España ya han contratado a los corsarios que se van a cepillar a los que secuestraron el Alakrana. Y debe ser cuestión de días, para que el efecto ejemplarizante sea lo más efectivo posible. El mensaje es claro: si me haces daño, yo te voy a hacer sufrir el doble para que nadie se atreva nunca más a secuestrar un barco.

Aquí no valen ni el derecho a la vida ni los pactos supuestamente firmados al pagar el rescate. Somalia es un caos y allí no hay leyes. En esa situación, la única forma de imponer el orden es con la fuerza bruta. Obviamente, eso no lo puede hacer un Estado, salvo que se llame EE.UU. Pero sí que pueden hacerlo los propios empresarios, como viene ocurriendo a lo largo de la historia.

No nos engañemos. Esto también ha ocurrido en la historia de ETA. Hay que recordar a Luis Olarra y sus advertencias de que había contratado a la mafia marsellesa para “vengar” cualquier daño que le hicieran a él o a su familia. Además, los primeros pasos de los GAL estuvieron supuestamente impulsados por empresarios y banqueros vascos que preferían pagar a sicarios que abonar el impuesto revolucionario.

No hay que olvidar tampoco lo que ha dicho hoy el diputado popular Gustavo de Aristegui, oriundo de Gipuzkoa y buen conocedor de la zona: “Mi partido habría hecho lo que hizo Francia, cuando, ante un caso similar, tendió una trampa a los autores del secuestro, hizo ver que pagaba y puso localizadores en la bolsa del dinero para después perseguir a los piratas hasta abatirlos. Si eso se hubiera hecho en el Playa de Bakio no hubiera habido Alakrana”.

Para mí, es cuestión de tiempo que los armadores hagan lo que creen que debía haber hecho el Gobierno. Lo tendrán más difícil para recuperar el dinero. No quiero justificarles desde un punto de vista ético, pero sí lo entiendo perfectamente con un razonamiento puramente práctico. Igual que en el Lejano Oeste, en las costas de Somalia, para sobrevivir, hay que ir armado y hacerse respetar. Pero en cualquier caso, el debate está servido.

Más datos para la polémica: Alvaro Ortiz ha descubierto que el armador del Alakrana había recibido importantes subvenciones de la UE para construir el barco y los partidos políticos abren el debate de si merece la pena seguir pescando en la zona.

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