Ya lo contábamos en el especial dedicado a las empresas más antiguas de Euskadi: el chocolate es uno de los productos más arraigados en esta tierra. Llegó desde Venezuela a través de las rutas de comercio abiertas por la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas y de su preparación rápidamente se encargaron familias judías procedentes de Francia.

Curiosamente, hasta 1840 el chocolate sólo se bebía. En una primera fase era especialmente importante en Baiona y con el tiempo también lo sería más al sur y especialmente en Mendaro, Irun y Oñati. En 1770 la familia Elgorriaga abría una chocolatería en el Casco Viejo de Irun, aunque la fabricación de tabletas no empezaría hasta 1838.

Al parecer, la firma alcanzó tal importancia que la reina María Cristina y después el rey Alfonso XIII solían acercarse todos los años a la localidad fronteriza para degustar su correspondiente taza. La chocolatería era un lugar de encuentro de la nobleza. Y la fábrica siguió prosperando hasta los setenta. En 1979, los dueños construyeron una nueva planta en Avila y en 1981 falleció en accidente de tráfico el entonces gerente, José Miguel Elgorriaga.

Tras su desaparición, la firma pasó a manos de la empresa francesa Cantalou, que terminaría cerrando la factoría irunesa en 1997, tras anular el patrocinio del equipo de balonmano que le daba nombre. A día de hoy la marca sobrevive en manos del Grupo Dhul, que agrupa a todas las compañías de alimentación de José María Ruiz Mateos.

En Mendaro se instaló en 1850 la familia francesa Saint Girons, que aún hoy sigue fabricando este producto de forma semi-artesanal. Por esas fechas también se abriría un pequeño taller de chocolate en Oiartzun y otro en Hernani, que aún sobrevive, el de los Adarraga. Pero sería Oñati la localidad que acogería hasta nueve chocolaterías. Algunas de ellas de renombre, como Orbea o Zahor.

Zahor nacía en 1946, casi en paralelo que otras empresas de la localidad dedicadas al chocolate, como Orbea, Loyola, Onena, Guereca o Maiztegui. Todas han ido desapareciendo, salvo Zahor. La última, Loyola, lo hizo en los ochenta, pese a formar parte de la multinacional Cadbury Schweppes. Curiosamente, Oñati ha estado tan ligada al chocolate que hasta la propia Ulma, la mayor empresa de la localidad, nació en su momento para dar servicio a la industria chocolatera. Hoy hay en Oñati una tienda-museo dedicada íntegramente al chocolate.

Zahor sigue en Oñati, aunque ahora en manos de una firma valenciana, Natra, también participada por Kutxa y por los antiguos socios de la empresa guipuzcoana liderados por Juan Ignacio Egaña. Recientemente dio a conocer una inversión de seis millones de euros en la planta oñatiarra para lanzar un nuevo producto: barritas de harina con una capa de nata combinada con yogur y frutas del bosque.

La ola del chocolate también llegó a las capitales. En Donostia se abrió la chocolatería Maitena y en Bilbao lo hizo la de Martina de Zuricalday, que aún sobrevive. Los herederos de Zuricalday participarían también en la fundación de Chocolates Bilbainos (Chobil) junto con la familia del ex lehendakari José Antonio Aguirre.

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