Juan Celaya tiene aspecto y fama de bonachón. De hecho, casi es más conocido por su lado benefactor, normalmente ligado al euskera y los medios de comunicación pro-nacionalistas, que por sus empresas. Pero los problemas sindicales que está encontrando en Cegasa han colmado su paciencia. Ahora amenaza con cerrar la fábrica por completo.

No hay que olvidar que un ERE se organiza para mantener la empresa a salvo, en momentos en que la carga salarial puede ser tan grande que termine asfixiando financieramente a la compañía. Es lo que Cegasa alega que ocurre en su fábrica de pilas de Vitoria: o se despide a una parte de la plantilla o al final será preciso cerrarla por completo.

Obviamente, no conozco todos los datos. Lo que no me gustan son los argumentos que están aportando los sindicatos sobre la deslocalización. Dicen que la empresa quiere cerrar en Euskadi para producir en China, donde ya tiene planta. Me sorprende que esto les parezca mal. ¿Se han puesto ellos en algún momento en el lado del empresario? ¿Es que ellos no irían a comprar a una tienda que les ofrece lo mismo a menores precios?

La deslocalización es una realidad de nuestros tiempos. Es inevitable. Resistir no tiene ningún sentido. Lo único que hace es empeorar las cosas. Lo que tienen que hacer las instituciones es facilitar las cosas a las empresas para que creen empleo en sectores que exigen calidad, centros de decisión y laboratorios para diseñar nuevos productos. Y esto es lo que ha hecho y hace Cegasa. Empeñarse en mantener la producción de algo que sale más barato en China es absurdo.

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