arieta_araunabeñaA raíz del reciente nombramiento de Mikel Arieta-Araunabeña como gerente de la Cámara de Comercio de Bilbao, he vuelto a analizar, por enésima vez, el sentido de esta institución centenaria. Y la verdad es que sigo sin encontrarlo. Quizás tuvo su razón de ser a principios y mediados del sigo XX, pero hoy en día su existencia es absurda. Así que he estado pensando qué puede hacer un gran profesional como Arieta-Araunabeña para que la institución recobre vida.

Lo primero que he hecho ha sido analizar las funciones de la Cámara de Bilbao, extraídas de su web:
- Formación. Ofrece cursos de diverso tipo, varios masters, clases de inglés y diversos seminarios. Obviamente, en clara competencia (desleal) con las academias y las escuelas de negocio.

- Asesoramiento en la creación de empresas. No sé si realmente lo hacen (no he sabido de ningún emprendedor que haya ido a la Cámara para esto), pero en cualquier caso es algo para lo que ya existen múltiples alternativas: diputación, gobierno e incluso ayuntamientos.

- Asesoramiento en comecio internacional. Esto pudo tener sentido en su momento, pero hoy en día lo hacen tanto el Icex como la Spri.

- Asesoramiento sobre innovación y tecnología. Idem que lo anterior. La venta de productos de telecomunicaciones y de webs y similares a través de empresas interpuestas, normalmente con sede en Madrid, es una clara competencia desleal, por no decir algo más fuerte.

- Información de uso empresarial. Con firmas como Axesor o e-Informa esta labor también ha perdido peso.

- Alquiler de oficinas (en su centro de negocios). Una vez más, existe ya una amplia oferta de este tipo de servicios.

- Periódico Información. La oferta de información empresarial es en Euskadi muy amplia. No tiene mucho sentido añadir un actor más si no aporta valor añadido. Además, la Cámara de Bilbao está utilizando este periódico para transformar en publicidad las cuotas camerales de algunas grandes empresas como BBVA.

- Representar, promocionar y defender los intereses generales del comercio, la industria y del sector marítimo. Esta función es imposible hoy en día por el control político al que está sometida la Cámara. Son mucho más libres entidades como Confebask.

La Cámara de Bilbao realiza otras dos actividades que todavía tienen algo de sentido: las jornadas y seminarios que organiza y el mantenimiento de una Corte de Arbitraje, aunque mucho me temo que apenas se usa (no hay datos en la web). Curiosamente, aunque muchas de sus funciones tienen un coste para el usuario, la institución cameral se financia a través de un impuesto que obligatoriamente deben pagar todas las empresas y los profesionales en función de sus beneficios. Es el recurso cameral.

Yo mismo he denunciado varias veces la existencia de este impuesto, que además de suponer un coste añadido para todas las compañías es la única tasa que conozco que es regresiva: se paga proporcionalmente menos cuanto más se gana. Es decir, que le cuesta más a una empresa pequeña que al BBVA, por poner un ejemplo de una gran firma que debe abonar su cuota cameral en Bilbao. Reitero lo que he dicho otras veces: lo que pagamos año tras año a la Cámara se tiene que detraer de otros sitios. Daña, por ejemplo, nuestra capacidad de innovar.

¿Qué función le queda por tanto? Las cámaras deberían evolucionar hacia su conversión en gestores de la colaboración entre las empresas. Es decir, organizar foros de encuentro y de reflexión entre profesionales y emprendedores, con el fin último ser catalizadores de la innovación. Algo parecido a lo que se pretende que hagan los clusters.

Otra de las alternativas que tienen es la de centrarse en el comercio. Ocuparse de la industria y la navegación, como hacían en su origen, ha perdido casi todo el sentido, pues la Administración pública ha tomado todas las competencias en la materia. También en lo que al comercio se refiere, pero al menos se trata de un sector muy disgregado y del que se ocupan menos las organizaciones empresariales.

(Actualización) Parece que el Gobierno había prometido eliminar el recurso cameral, al menos para los autónomos, aunque a última hora se ha echado atrás.

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