Befesa es una empresa vasca que, pese a cotizar en bolsa, es poco conocida. Tampoco necesita publicitarse. Más bien al revés, pues sus actividades no son precisamente bienvenidas. Suya es la planta de Aser de Erandio, que saltó a la fama al denunciar Greenpeace que recibía residuos tan “malditos” en sus países de origen como los polvos de acería. También es propietaria de Rontealde, un productor de ácido sulfúrico que está a punto de clausurar su fábrica de Barakaldo.
Nadie la quería. Ni los vecinos, ni el Ayuntamiento, ni obviamente, los especuladores inmobiliarios. Así que se va al superpuerto, a Zierbena, donde también hay tímidas protestas contra su llegada. Para no levantar demasiadas sospechas, se disfraza como Acoleq y envía notas de prensa anunciando multimillonarias inversiones que impresionan en plena crisis: 38 millones de euros.
Lo que nadie cuenta es que por sus terrenos de Barakaldo Iurbenor le ha pagado 45 millones, con los que financia la mudanza e incluso un pequeño beneficio por las molestias causadas. Pero no cabe duda de que es más fácil expulsar humos junto al océano y un pequeño pueblo de pescadores que en medio de un enjambre urbano como Barakaldo.
Allí no olvidan los dos escapes de dióxido de azufre (SO2) que en 1988 y 1994 causaron la alarma en el barrio de Lutxana y en sus aledaños. Varias personas acabaron en el hospital e incluso una murió tras respirar los gases tóxicos. En el último incidente, las autoridades decretaron la clausura de la planta y, con el tiempo, varios directivos de la compañía fueron condenados por “homicidio por imprudencia”.
Al parecer, habían dejado escapar el SO2 sin consultarlo con el Gobierno Vasco, cosa que hacían habitualmente. Pero ese día los gases se juntaron a un fenómeno atmosférico conocido como inversión térmica y que hizo que la polución no se moviera de Barakaldo, con lo que a los vecinos no les quedó otro remedio que cerrar las ventanas y quedarse encerrados en casa.
“Los vecinos comenzaron a presentar dificultades respiratorias, tos e irritación en garganta, nariz e irritación en los ojos, síntomas que fueron más intensos en pacientes con afecciones respiratorias previas, motivando diversos ingresos entre las 8,50 y las 9,35 horas, cesando poco después de parar la planta”, recordaba la sentencia.
Es lógico que en Barakaldo no quieran a Rontealde. Y eso que su propietario, Befesa, ha hecho ciertas operaciones de maquillaje para desvincularse del azufre y los residuos que emplea. Una de ellas es ponerse apellido para pasar a llamarse “Befesa Medio Ambiente” y la otra es redefinir su actividad como “soluciones en la gestión de residuos industriales” o incluso como “protección y recuperación medioambiental”. Suena mucho mejor, claro está.
No voy a negar que tiene que haber empresas como Befesa, pese a que representen el lado más sucio y feo de la industria vasca. Lo que es incomprensible es que esta filial del grupo andaluz Abengoa apenas realice acciones de responsabilidad social corporativa para devolver al entorno algo más limpio y agradable. Podía tomar nota de lo que está haciendo Petronor.
Befesa es, además, una empresa relativamente reciente. Se constituyó en 1993 a partir de la unión de varios activos industriales de la alemana Berzelius Umwelt Service (BUS), la asturiana Duro Felguera (de capital alemán) y los vascos de Indumetal (Lipperheide, de origen alemán). el nombre Befesa es precisamente el resultado de unir las primeras letras de Berzelius y Felguera.
Está claro que en la empresa se escuchaba alemán por todas las esquinas y de ahí vinieron precisamente la mayoría de los residuos que trataban sus fábricas. Greenpeace le acusó de importar a Euskadi la basura que nadie quería en el país germano. Entonces se dio a conocer un guipuzcoano llamado Juantxo López de Uralde, presidente de la organización en España. No hay que olvidar que en aquellos años se hicieron famosos los vertidos al océano de residuos nucleares.
Rontealde contó, por cierto, con una de las primeras campañas de comunicación que se desarrollaron en Euskadi para contrarrestar los efectos de los grupos ecologistas. Como se trataba de una empresa muy sucia, la agencia contratada por los promotores (varias empresas ligadas a los Lipperheide y una minera andaluza) destacó especialmente que se trataba de una de las principales inversiones realizadas en Bilbao en los años más duros de la crisis. ¿Quién iba a poner pegas a la creación de empleo?
Con el tiempo Befesa pasaría a manos de Abengoa, que realizó una OPA sobre el 100% del capital en 2000. Hoy la empresa mantiene su sede social en Bilbao y tiene actividades por toda españa y en países como Ucrania, Rusia, Portugal, Gran Bretaña y Argentina. En la CAV, además de Aser y Rontealde, está detrás de Remetal, que trata residuos de aluminio (Erandio); de la comercializadora MRH (Erandio); de Sondika Zinc y Zindes (Amorebieta), que reciclan zync; y de Deydesa, que trata chatarras no férreas en Villarreal de Alava.


3/01/2012
No queremos nucleares, almacenes de residuos, incineradoras, reciclaje,…. No os preocupéis siempre hay alguién que las quiere.
Muy buen comentario Edu. Siempre hay alguien que las quiere, solo hay que saber porque.