Recientemente falleció Lander de Artetxe, ex presidente del Grupo Arteche e hijo de Aurelio de Arteche y Arana, uno de los empresarios más ejemplares que ha parido Euskadi. Su empresa fue una de las primeras de una larga lista que hoy conforma el potente sector vasco de equipamiento eléctrico, en el que también se sitúan compañías como Gamesa, Ormazabal, ZIV o Ingeteam. Fue, además, una persona especialmente humanista e innovadora, hasta el punto de que estuvo a punto de crear los primeros ordenadores hechos en Euskadi.
Arteche es hoy un grupo con presencia en Europa, América y Asia, con una plantilla de 2.000 trabajadores (700 de los cuales están en la planta central de Mungia) y con una facturación anual de 215 millones de euros. La empresa nace en 1946 bajo el nombre de Electrotécnica Arteche Hermanos, SA (EAHSA), tal y como describe perfectamente Carlos Alvarado en un libro que hace dos años publicó la Universidad de Deusto.
Aurelio de Arteche había nacido en Bakio en 1908 y, tras trabajar como ingeniero en Irurak Bat, una firma que fabricaba contadores eléctricos, sufrió en persona el bombardeo de Gernika. Por sus vinculaciones con el PNV (su hermano Lucio fue un destacado dirigente de este partido), tuvo que huir fuera de España. Se refugió primero en Lieja (Bélgica), donde tuvo la fortuna de trabajar en una empresa que se dedicaba al equipamiento eléctrico, y después en Venezuela, donde entre otras actividades fundó el Centro Vasco de Caracas.
No tardaría en regresar a la Euskadi de sus amores, pero esta vez como emprendedor. Terminadas la guerra civil y la mundial, la recuperación económica demandaba fabricantes de equipos, así que con la ayuda de Usines Balteau, la compañía en la que había trabajado en Bélgica, y con aportaciones financieras de varios amigos (Castor de Uriarte, Dionisio de Goitia y Bonifacio de Aguirre) y del Banco de Vizcaya, constituye en Mungia una empresa para producir transformadores de medida para subestaciones eléctricas.
Arteche tenía una vocación impresionante, un enorme patriotismo (podía haber creado la compañía en cualquier otro lugar del mundo), unas relaciones excelentes (no en vano, Iberduero le había ofrecido trabajo) y unos conocimientos técnicos envidiables (con el tiempo, Arteche sería una de las primeras empresas vascas en obtener certificaciones de calidad). Sus 38 años y su experiencia internacional le dotaban, además, de una visión que después sería fundamental en el crecimiento de la empresa.
Sin embargo, los autores del libro sobre el grupo Arteche opinan que le faltaron dotes comerciales: “No se puede decir lo mismo de la calidad comercial, particularmente en términos de plazos, sino hasta 1972, en que la compañía aborda este asunto en la nueva era del marketing y la apertura internacional”. También creen que fue a veces demasiado conservador: “En la mente de Aurelio prima la seguridad financiera sobre el crecimiento y el beneficio”.
Sea como fuere, la empresa siguió creciendo, se expandió a la fabricación de relés (con licencia francesa) y en 1968 creó la que probablemente es la primera división de I+D de una compañía vasca, bajo el nombre de Ikaslan. Su objetivo era, en un principio, independizarse tecnológicamente respecto de la belga Usines Balteau (transformadores) y la francesa ICE (relés). Con la emoción de los primeros éxitos, Arteche siguió invirtiendo en innovación y llegó a contratar a una treintena de personas, sin ningún tipo de ayuda pública.
Entonces se estaban introduciendo los primeros chips en la fabricación industrial y en Ikaslan quisieron ver un futuro en el que todo el control de las líneas eléctricas fuera electrónico. De ahí que Arteche apostara por la informatización de sus transformadores y, sobre todo, de sus relés, y por la comunicación entre todos ellos mediante sistemas informáticos.
Pero las cosas no fueron bien. Por una parte, desde un punto de vista comercial, la demanda de las compañías eléctricas tardaría más de lo previsto, hasta el punto de que la informática no ha llegado a los transformadores hasta el siglo XXI. Por otra parte, los ingenieros que contrató Arteche no tenían apenas experiencia y fueron especialmente poco hábiles en el cumplimiento de los plazos con los clientes. “Creían que el mercado siempre compraría un buen producto y que costes, plazos y competencia eran secundarios”, dicen los autores del libro sobre el grupo.
La enorme inversión que exigió Ikaslan (2 millones de euros de la época) y la posterior crisis económica generaron enormes desajustes financieros en Arteche, que tuvo que reestructurar su plantilla a finales de los setenta. Para entonces, Aurelio de Arteche ya había puesto la primera piedra de la expansión internacional, con la compra de Caceie en Venezuela, y había dejado la compañía en manos de sus hijos. En 1983, con 75 años, fallecía.
Sus hijos han llevado el grupo en la misma dirección, impulsando la expansión internacional como vía principal de crecimiento, con la ayuda del Gobierno Vasco entre 1995 y 2000. Aparentemente, han dejado al margen la introducción de nuevos productos, lo que de alguna forma ha permitido la aparición de competidores en nuevos nichos. Además, no todos los hijos han querido remar en la misma dirección, hasta el punto de que una oferta de compra de una firma canadiense generó en 2002 un cierto cisma familiar.
Mientras una parte de la familia quería vender, otra prefería mantenerse al pie del cañón. Finalmente, los segundos compraron su participación a los primeros, de acuerdo con lo que marcaba el pacto de socios. Lo que no han triunfado son los planes de reparto de capital entre empleados, una de las iniciativas más interesantes de Aurelio de Arteche, que era tan emprendedor como persona.
De hecho, en algunos aspectos, el grupo se parecía mucho a las cooperativas. Así, la empresa repartía todos los años una parte de sus beneficios como sueldo, creó una fundación laboral para facilitar el acceso de los trabajadores a la medicina privada, puso en marcha en Mungia una escuela de formación profesional (aunque después pasó a manos de la Falange), construyó comedores sociales para sus trabajadores y promovió urbanizaciones de viviendas para sus empleados.
Además, dentro de ese fenómeno que hoy se denomina “responsabilidad social corporativa”, aportó dinero al Ayuntamiento de Mungia para comprar una torre que actualmente es centro cultural y patrocinó partidos de pelota. Su hijo Unai de Artetxe, además de director general y presidente de la empresa, fue viceconsejero de Industria del Gobierno Vasco entre 1991 y 1993. Pero una de las cosas más interesantes que hizo Arteche fue redactar en 1976 unos principios corporativos realmente adelantados para la época:
1. Nos declaramos defensores de los derechos fundamentales de la persona. En este sentido:
- Respetamos la dignidad y libertad de cada persona, como presupuestos básicos de convivencia dentro de la comunidad humana de trabajo que es la empresa.
- Defendemos idéntica consideración hacia todos los hombres, cualesquiera que sea su categoría dentro de la empresa.
- Consideramos a cada miembro de la empresa como una persona que tiene derecho a ser respetada, e incluso vocación de ser querida.
- Consideramos que la movilidad necesaria para una economía progresiva, debe ordenarse de manera que se evite la inseguridad de los hombres y de su familia.
- Reconocemos la necesidad de medidas que faciliten a los hombres un empleo suficiente y adaptado, y les proporcione la posibilidad de una formación técnica y profesional adecuada.
- Admitimos el derecho de todo hombre al trabajo, junto con el deber de trabajar lealmente.
- Consideramos que los hombres deben tener la posibilidad de desarrollar sus cualidades y su personalidad en el trabajo mismo.
- Admitimos el derecho de todo hombre a mejorar su condición de vida.
- Respetamos la iniciativa privada y la empresa libre y privada, como prolongación que son de la libertad humana.2. Nos declaramos una empresa vasca y en ese sentido:
- Apoyamos en ingualdad de condiciones, a las personas o entidades que se sientan vascas.
- Apoyamos igualmente toda iniciativa o medida que suponga un desarrollo humano, económico, social, cultural, etc para el País Vasco.3. Nos declaramos demócratas y en ese sentido:
- Respetamos la individualidad de cada hombre, a quien se debe dar la posibilidad de ejercer su influencia dentro del grupo del que forma parte.
- Reconocemos que salvada la necesaria unidad de dirección de la empresa, debe procurarse por procedimientos bien determinados, la activa participación de todo el personal en la gestión y responsabilidad de la misma.
- Admitimos el derecho de cualquier persona a la necesaria información.4. Nos declaramos empresa social y en ese sentido:
- Consideramos que los mandos en cada nivel deben asumir una responsabilidad social, independientemente de la profesional correspondiente a su puesto.
- Reconocemos que la remuneración del trabajo debe ser suficiente para permitir al hombre y a su familia una vida digna en el plano material, social, cultural y espiritual, teniendo en cuenta el cargo y la productivida de cada uno, la capacidad de la empresa y el bien común.
- Apoyamos toda obra o institución social que pueda redundar en beneficio del personal.
- Favorecemos el acceso de todas las personas a la propiedad, pues reconocemos que contribuye a la expresión de la persona y le proporciona ocasión de ejercer su función responsable en la sociedad y en la economía.5. Nos declaramos partidarios de la generalización de la economía de mercado como principio de coherencia no jerárquica de una sociedad pluralista que considerada en su conjunto, es sin duda, la más estable de los sistemas sociales posibles, y en ese sentido:
- Rechazamos la clásica subordinación de la economía a la política, sistema que se ha revelado claramente ineficaz.
- Defendemos la actividad empresarial como claramente creadora de progreso y desarrollo individual, social y cultural.
- Defendemos que la actividad de la empresa es totalmente conforme al interés general.
- Consideramos a la empresa como un centro autónomo de decisiones, coherentes con otros muchos, como pueden ser: Estado, asociaciones políticas, sindicatos, organizaciones regionales, etc.6. Concebimos a la empresa como una comunidad humana, en la que, para cumplir con sus fines, entran en colaboración:
- Los aportadores de trabajo, manual, administrativo y técnico
- Los aportadores de capital
- Los dirigentesA estos tres grupos participantes, debemos añadir un cuarto grupo bien diferenciado ya que representa una gran fuerza dentro de la economía de transformación y transmisión de conocimientos en que ya vivimos. Grupo al que llamaremos “aportadores de conocimientos”. Y en ese sentido:
- Reconocemos que los frutos de la empresa corresponden a todos los factores que han contribuido a su consecución.
- Con vistas al mayor progreso y desarrollo de cada grupo en particular y de todos ellos en general, defendemos la más amplia descentralización posible de poderes y de decisión, a fin de promover los máximos poderes de creatividad, iniciativa y negociación a todos los niveles.7. Declaramos finalmente nuestra vocación eléctrica en su más amplio sentido y en ese sentido:
- Aceptamos en principio todas las derivaciones acordes con nuestro amplio dominio de base.
- Rechazamos las oportunidades que puedan suponer claras desviaciones de nuestro dominio técnico.Estamos convencido de que si, con la ayuda y colaboración de todos nuestros hombres conseguimos hacer verdad estos principios, el grupo Arteche habrá contribuido al bien común y al interés general en la mejor manera posible.
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Sinceramente impresionado por una declaracion de principios corporativos abosolutamante adelantada a su tiempo y que hoy seria base para un estudio y debate interesantisimo.
Un empresario de raza de los que ya no quedan, lamentablemente.
A veces me pregunto como iria a este pais con unos cientos de “arteches” de menos de 40 años. Solo unos cientos.
Impresionante post. Felicidades me ha encantado.
Mucho debe Mungia a Arteche. En estos tiempos de crisis y de las movidas de la diputacion vizcaina, arteche sigue siendo un refugio para muchas familias en mungia. Para personas de mungia es casi un chollo trabajar en esta empresa, hay “currelas” que hablan con admiracion de su empresa de como están creciendo, en los paises en los que trabajan etc. Es una suerte que los empresarios de Arteche hayan apostado por un crecimiento controlado y no se hayan deslocalizado de su lugar original buscando mano de obra mas barata a otros paises y hayan apostado por la calidad y el i+d, sobretodo en su lugar origen. Para mi ha sido la inditex vasca.
Arteche ha aportado muchisimo a la calidad de vida de la region. Ejemplo de como una empresa aporta a la sociedad y a los municipios, y no al reves, como estamos acostumbrados en los últimos tiempos.
Muy interesante. Me recuerda mucho a las declaraciones del movimiento cooperativista. En cuanto a lo de ‘adelantado a su tiempo’, sin quitar ni un pelo de mérito a Arteche, recordar que Fagor se constituyó como cooperativa en 1959.
Los principios que guian esa empresa, son los que guiaron a toda una generación de vascos emcabezados por el lehendakari Agirre en su faceta de empresario y de estadista. Son, los principios que guiaron a toda una generacion de católicos progresistas, con una gran sensibilidad social que se rebelaban contra el liberalismo deshumanizador y explotador y no creian en el comunismo como una alternativa que asegurase la libertad del Ser humano (que visión más acertada).Ellos, unidos a los sectores más progresistas de la Iglesia católica, querían abrir una tercera vía entre el liberalismo y el comunismo.
Son las bases de la socialdemocracía y de esa revolución silenciosa, y en buena medida aplastada, que fue la doctrina social de la Iglesia, que tuvo su máximo exponente en el concilio Vaticano II.
Ante personas como ésta, solo podemos hacer dos cosas, por un lado recordarlas y “ponerlas en valor”. Telmo Zarra fue importante, pero su aportación no tiene comparación con la de Arteche y otros como el.
Por otro lado, intentar seguir su estela. No podemos olvidad que mantuvo esa filosofía, incluso en los años mas duros y más criticos.
Felicidades por el artículo, porque, por desgracia parece que lo unico que es importante en este Pais nuestro es quién pega mejor al balón. Y así nos va.
ex-aitor, digo lo de adelantado a su tiempo precisamente porque no era una cooperativa. Y digo lo del debate porque, dichos principios (como decis inspirados en el cooperativismo) son de aplicacion a sociedades mercantiles ordinaria y posiblemmente claves en su exito.
Un orgullo que en el Pais Vasco tengamos y hayamos tenido empresas y personas como esta.
Conozco muy de cerca al descendiente y actual consejero delegado del grupo Arteche y solo puedo decir que sigue siendo una empresa excelente dirigida por una persona brillante. Como bien habéis dicho más empresas así necesitamos en Euskadi. Saludos
Conoci a D.Aurelio., a Don Ander Orrantia(Cofundador)a Unai, Lander y José Javier Arteche. Trabaje desde 1974 hasta 1994. Fuí la jefe de la Delegación en Barcelona y mi territorio fué Catalunya i Ses Illes.
Tengo un recuerdo imborrable de todas las personas que conocí.