alfaAlfa es una empresa marcada por las crisis pero que siempre ha podido salir adelante. Nació como consecuencia de una dura huelga y ha renacido dos veces, tras la Guerra Civil y tras su suspensión de pagos en los noventa. Y ahora parece enfrentarse a otra “grave situación”, que por el momento ha llevado a la compañía a despedir a eventuales y, según los sindicatos, a preparar un ERE del 50% de la plantilla.

Se trata, una vez más, de una mezcla de deslocalización y de crisis. Alfa ha ido extendiendo su presencia internacional por una razón muy simple: es mucho más barato producir en Brasov (Rumanía) que en Eibar, dos ciudades en las que tiene factorías. Además, mientras el mercado automovilístico español se derrumba, el de los países del este de Europa se mantiene o sube ligeramente.

Y es que hoy Alfa, que sigue siendo conocido por sus máquinas de coser, tiene a la estampación de componentes de coches como su principal actividad. Además, se dedica a fabricar aceros, electrodomésticos, piezas de aviones, bienes para la defensa, productos electrónicos y obras de arte.

Todo ello a través de 13 filiales, algunas creadas recientemente en sectores en los que se podía aprovechar su know-how en la fundición de metales, y otras adquiridas, como Industrias Gol o Mallabi. Exporta más del 50% de su producción y los 105 millones que generaron sus 900 empleados en 2007 la sitúan como la 91ª empresa más grande de la CAV.

Anuncio de Alfa de 1934

Alfa nació en 1921 de la mano de un grupo de trabajadores afiliados a UGT que se habían declarado en huelga contra sus anteriores compañías. Fue la primera cooperativa empresarial del Estado. Eibar era entonces la capital socialista del Estado y poco después allí se proclamaría la II República. No es de extrañar que los trabajadores, hartos de las condiciones de sus empresas, terminaran constituyendo una cooperativa para hacer lo que sabían hacer: fabricar escopetas.

Pero con el fin de la II Guerra Mundial, este mercado se derrumbó y con él la industria armera eibarresa. Entonces aparece la figura de Toribio Echevarría, un intelectual que dirigía Alfa y que se encargó personalmente de buscarle un nuevo rumbo. Lo encontró en las máquinas de coser, curiosamente por recomendación del general Primo de Rivera, que creía conveniente incorporar a la mujer al mercado laboral. Todavía se recuerda a Echevarría a través de unos premios empresariales entregados anualmente en Eibar.

Alfa fabricó máquinas de coser hasta los noventa y llegó a tener 1.600 trabajadores en los años sesenta, cuando este aparato era común en todas las casas españolas. La empresa creció con el pueblo y se convirtió en un gigante con su propio economato, viviendas para los empleados, caja de previsión y hasta colonia de verano para los hijos.

Pero en los ochenta llega la crisis. Las sociedades occidentales, los principales mercados de Alfa, dejan de comprar máquinas de coser y los chinos empiezan a fabricarlas con costes inferiores. Además, Alfa había diversificado en sectores como el de las motos, que tampoco le dieron grandes alegrías. Fabricaba los motores de las Lambretta y llegó a ser accionista de la sociedad matriz.

Finalmente suspendería pagos y quedaría en una situación de absoluta indefinición sobre su futuro. Hasta que aparece el empresario Enrique Treviño, que junto con el Gobierno Vasco y los trabajadores, se hace con el control de Alfa en 1993 para relanzarla. Para ello definió una nueva estrategia, basada en la especialización en el sector de automoción y en la venta del patrimonio inmobiliario, y se encargó personalmente de llevarla adelante.

Sus terrenos albergan hoy un Corte Inglés y varias viviendas y, con los recursos obtenidos por esta vía, Alfa invirtió en I+D y en la compra de alguna compañía. También se ha internacionalizado, a través de una factoría en Rumanía. Además, se está acercando a nuevos sectores como el de las energías termosolares o nuevos electrodomésticos que permitan sustituir a la vieja máquina de coser. Alfa ha reinvertido todos sus beneficios en los últimos 20 años.

(Actualización 15.01.10) Carlos Etxeberri confirma hoy que el máximo accionista de Alfa, Enrique Treviño, ha colocado el 51% del capital entre once directivos del grupo. De esta forma, Treviño puede jubilarse tranquilamente, consciente de que las 13 compañías quedan en buenas manos. Permanecen como socios el Gobierno vasco (5%) y los trabajadores (14%). Este caso se puede citar como un excelente ejemplo de empresario que no busca específicamente hacerse rico sino consolidar su proyecto. De hecho, según Etxeberri, en los 20 años que Treviño ha estado al frente de Alfa, no se ha repartido ningún dividendo y todos los beneficios se han reinvertido en este grupo en el que trabajan 1.000 personas.

(Actualización 18.01.10) Para hacerse una idea de lo mal que están las cosas en Alfa, basta con pasarse con su web y observar detalles como que el RSS de la zona de prensa procede de un blog externo que nada tiene que ver con la empresa guipuzcoana.

(Actualización 1.11.12) Hoy se confirma la suspensión de pagos de todo el grupo, con sus 12 sociedades_
- Alfalan, dedicada a microfusión, mecanización, tornillería y fundición.
- Alfa I+D+i
- Dinalot, dedicada a la mecánica de precisión
- Industrias Gol, dedicada a la estampación en frío
- Laskibar, dedicada a la tornillería estampada en frío
- Mecánica Mallabi
- Manufacturas Phillips Screw
- Mecánica Torrekua
- Microfusión de Aluminio
- Microfusión Alfa
- Mim Tech Alfa
- Util Alfa
- Alfa Hogar, dedicada a fabricar mini-electrodomésticos
- Alfa Arte, dedicada a montar esculturas

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