El presupuesto para subvencionar agendas de innovación en las empresas se terminó allá por junio y, tras reabrirse hace unos días, se ha vuelto a agotar en apenas 24 horas. Está claro que es un programa tan “demandado” que puede dejar temblando a las arcas de la Consejería de Industria. Analicemos el tema.
¿Por qué es un programa tan demandado?
En primer lugar, porque se subvencionaba el 100% y ahora el 90% del coste de la consultoría. A las empresas casi no les hace ni cosquillas y les permite evaluarse gratuitamente frente a un supuesto experto. En segundo lugar, porque en Euskadi se ha creado una tupida red de consultores que viven de estas ayudas.
Muchas veces son ellos los que presionan a las empresas para que participen en la agenda con todo tipo de estrategias comerciales. Es decir, que el supuesto éxito del programa tiene “truco”. Hay consultores buenos, pero desgraciadamente, como consecuencia del dinero público y fácil, creo que también hay muchos malos.
¿Qué se puede hacer para fomentar la innovación?
Es bueno que estos programas estén subvencionados, pero creo que hay que trabajar mucho más en el resultado. No se debe dar dinero por hacer simples reuniones. El consultor debería implicarse en el éxito. Esta es la solución que propongo:
Parto de la base de que se supone que la agenda de la innovación va dirigida a fomentar la I+D en las empresas. Por tanto, una agenda sólo habrá funcionado si la compañía dedica cada año más porcentaje de sus ingresos a innovar. Esto se puede, además, medir fácilmente. De hecho, ya se hace, en la medida en que la I+D se puede utilizar para deducir impuestos.
Mi propuesta es que sea el consultor el que asuma una parte importante del coste de la agenda y que vaya cobrando del Gobierno a lo largo de entre 3 y 5 años (a largo plazo) en función de que su cliente pueda demostrar que ha incrementado el porcentaje de su facturación que destina a innovación. Estoy convencido de que, de esta forma, los consultores no harían agendas en las que no creen realmente y se implicarían mucho más en las que hicieran.


La innovación no va sólo dirigida a la I+D. También se puede innovar en procesos productivos, en organización o en modelos de negocio. Por esta razón tu propuesta me parece difícil de implementar: a ver quién es el que evalúa que realmente se ha producido innovación gracias a la agenda.
Mi propuesta es mucho más sencilla: que la parte financiada baje al 60-80%. Cuando el empresario tiene que pagar de su bolsillo parte de la consultoría ya se preocupará que la agenda sea ‘de verdad’ y hecha por un buen consultor. La pega es que muchos empresarios en vacas flacas no se pueden permitir este gasto, precisamente cuando más lo necesitan.
Tienes razón, ex-aitor. Podemos darle la vuelta. En cualquier caso, si esa innovación va dirigida a mejorar la productividad o el beneficio a largo plazo, quizás podríamos medirlo con este otro parámetro. Es verdad que en ello incidirán otros múltiples factores, pero creo que hay que buscar soluciones que vayan más allá de las subvenciones. Los consultores deben implicarse mucho más en la actividad (y los resultados) de su consultado. Su actividad debe tener mucho mayor riesgo que el simple “te hago unas preguntas, lo ponemos en un papel, te facturo a 200 euros la hora y después que lo pague Lakua”. Es verdad que es difícil, pero tenemos que ir por ahí.
Estoy de acuerdo.
El que sabe del negocio es el empresario. El consultor sólo aporta un método para pensar en innovar y, como mucho, un plan que ordena las actividades en el tiempo.
Lo de la implicación en los resultados sin ser parte del negocio es una estupidez que sólo se justifica en la ignorancia de lo que es la agenda de innovación.
Ojalá hubiera sido otra cosa, pero se centra en transmitir método.
¿Quien cuantifica el beneficio que ha representado la implantación de las políticas de calidad en las empresas?
^Pues la innovación, lo mismo
@Luma – Si el consultor sólo aporta un método (facilitado desde Spri, por cierto), entonces no sería mejor que lo siguiera directamente el equipo de la empresa a través de la pantalla de su ordenador? Por cierto, sí he hecho una agenda de la innovación.
“…no sería mejor que lo siguiera directamente el equipo de la empresa a través de la pantalla de su ordenador?”
Sería mejor si se pudiera. Meter un proceso nuevo en una organización en marcha requiere de ruptura de hábitos viejos y creación de hábitos nuevos. Y esa modificación de la conducta organizacional requiere de algo más que de información. Ese “algo más” lo aporta el consultor, con un método y una estructura de trabajo.
Si después de haber hecho una agenda, tu te sientes capaz de implantarla en tu organización sin ayuda externa, pues me parece perfecto. Ahora piensa en un taller de tornillería en elorrio o una matricería en beasain o una empresa de perfiles metálicos en tolosa: ¿podrían poner una agenda en marcha sin impulso exerior?
Ha quedado patente en el caso de las Agendas de Innovación que una buena idea se esta echando a perder por un incorrecto planteamiento en su financiación (de acuerdo con José A. en su premisa básica). También los padres del plan se ha cegado en el número de beneficiarios (algún politico quería ponerse una medalla). Querían muchas, y como al principio el tema iba lento ampliaron el programa a empresas de 3 trabajadores. Se ha generado un dinámica de comisiones y canchullos para vivir del cuento. Ejemplo hipotético: un bar con 4 trabajadores que hace una agenda de innovación a seismil y pico euros. UN CHOLLO. Eso da para alimentar al consultor, al comisionista que ha visto la jugada, y al propietario de bar al que le dan hasta una comisión por poner el nombre de su establecimiento, en algo, eso si que le importa realmente un bledo.
Quiero pensar que esto no ha ocurrido, pero mucho me temo que…..
Hombre José Antonio, las cosas no son como las cuentas. De hecho, los consultores YA financian la ejecución de la Agenda, que no olvidemos que no es más que un Plan Estratégico sobre la innovación realizado a la empresa. Desde que se comienza el proceso hasta que se cobra de la SPRI viene a transcurrir casi un año (eso es lo que yo personalmente tengo comprobado). Para cobrar la agenda tiene que ser validada por los evaluadores de la SPRI (Tecnalia e IK4).
Otra cosa es que han homologado como consultores en innovación a gente que no tiene n.p.i. de lo que es el concepto mismo. Los criterios fueron, básicamente, los de experiencia laboral. Y así, hay muchos sociólogos, expertos en calidad, y perfiles similares que están homologados. Cuando a estos consultores una empresa les plantea un proyecto de desarrollo tecnológico los pilla en pelotas.
Sin embargo, un consultor con experiencia siempre se implicará porque no sólo va a cobrar la agenda, sino que va a tener trabajo con ese cliente durante años.
El negocio aquí ha sido de las grandes empresas de consultoría que se han llevado el 70% del presupuesto llendo a volumen sin importarles la agenda en sí.
Ya me dirás tú qué va a aportar un consultor con perfil “social” cuando le plantean modificar un proceso productivo utilizando las tecnologías más avanzadas.
Pero repito, la agenda YA está siendo financiada por los consultores
Abundando en el concepto, hace no mucho leí algo que es esclarecedor: “la innovación es el mayor enemigo del burócrata”. Pues bien, hay que recordar que estos programas de innovación los diseñan funcionarios que son en su mayoría burócratas. No tengo nada en contra de ellos, pero sí que tengo claro que su conocimento sobre las realidades de la empresa privada es muy limitado. Y aún así, el programa ha sido un éxito porque, no lo olvidemos, la idea era dar a las empresas una herramienta para poder competir en un mercado tremendamente dinámico en el que ya no vale con hacer las cosas bien a la primera (uno de los conceptos clasicos de calidad), sino que hay que diferenciarse ofreciendo permanentemente nuevos productos y servicios. Es decir, siendo empresas innovadoras permanentes.
Sé que muchas empresas no sobrevivirán a este nuevo concepto (como decía Saratxaga “las empresas van a caer como moscas”), pero las que lo hagan habrán merecido la pena el esfuerzo.
Uno de los mayores problemas que hay con los consultores es que la mayoría provenían de la época de la Calidad y dado que no se comían una rosca la SPRI los recicló y homologó en innovación. Pero resulta que son conceptos casi antagónicos, ya que la calidad es procedimiento y la innovación es creatividad, por tanto no procedimentable.
Un saludo y perdón por la chapa
Como consultor homologado me parece de vergüenza:
- el listado de empresas que han hecho agenda. bares, empresas de amigos de consultores (hay que hacer caja), empresas de informática con amigos consultores (más caja), …
- A la Spri que ha hecho una gestión nefasta de las agendas. Cortando las ayudas de forma patética la primera vez y sacándo una subvención para 24 horas.triste la gestión.
Solución:
Que el empresario pague el 50% de la agenda. Se harán agendas de verdad que sirvan para algo.
Ayuda a todas aquellas empresas que hayan hecho agenda para el desarrollo de los proyectos. Cuántos proyectos de capacitación se han realizado? Triste.
El 100% no se debe subvencionar nunca.
Revisen Uds. el listado de empresas que han recibido ayudas para la Agenda.