Athletic, Alavés y Real Sociedad son tres entidades privadas. Sin embargo, una parte importante de sus presupuestos proviene de las arcas públicas, fundamentalmente en forma de patrocinios. Es algo sorprendente, teniendo en cuenta que son de las pocas entidades vascas que no se pueden ‘deslocalizar’. Vamos, que siempre estarán aquí.

Al Athletic le echó un capote la Diputación de Bizkaia a través de la Fundación Athletic, que financia parte de los costes de Lezama. Después vino el Gobierno Vasco y puso un par de millones de euros para que en las camisetas ponga ‘Euskadi’, como si el ‘Bilbao’ (publicidad gratuita) del equipo no fuera suficiente razón para atraer visitantes.

A la Real Sociedad le hicieron un campo nuevo y ahora la Diputación de Gipuzkoa ha prometido 6 millones de euros para patrocinar al equipo. También la entidad foral de Alava paga para que la marca ‘alava.net’ aparezca en diversos soportes del Alavés. Y Osasuna ha conseguido ingresar dinero del Gobierno de Navarra a cambio de modificar el nombre de su estadio.

Siempre he entendido que el deporte es un valor que hay que promocionar y que muchos equipos juveniles y de aficionados necesitan apoyo para subsistir. Pero nunca comprenderé por qué el dinero de todos se debe utilizar para financiar a entidades privadas que pagan sueldazos a sus empleados (en este caso, futbolistas y entrenadores).

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