Parece que nos rodean los males. Si no teníamos bastante con el cáncer del terrorismo, que ha trastocado nuestra buena reputación, ahora va un pato y se muere en Vitoria a consecuencia de la gripe aviar. A los vascos no nos querían ver ni en pintura y ahora tampoco a nuestras aves.

Debe ser nuestro sino. Estamos malditos. Los dioses se ceban con nosotros. ¿Qué habremos hecho mal? Al menos, el Metro de Bilbao anda fino y la Selección vasca todavía no ha tenido oportunidad de estrellarse en ningún Mundial.