funcionariosDe vez en cuando y de forma muy tímida, alguien levanta la voz en torno a la conveniencia de reducir los sueldos de los funcionarios, como vía para paliar el déficit de las cuentas públicas. Uno de los que lo acaba de hacer, y con total coherencia, porque algunas de sus empresas están recortando salarios, es el presidente del Grupo Mondragón, José María Aldecoa.

A la pregunta que le hacía el periodista Carmelo Lezana sobre la posibilidad de aplicar medidas anti-crisis con los funcionarios, respondía esto: “Cuando un Gobierno aplica unas medidas tiene que ser coherente. Es decir, no se puede pedir un esfuerzo y ser incoherente en el otro lado. Lo que es dramático es que los trabajadores tengan que ganarse la garantía de su puesto en base a ser competitivos en el mercado y haya sistemas en los que el trabajador y el sistema tenga asegurado su futuro, haga como haga las cosas. No señor”.

Como es sabido, Grupo Mondragón, que tiene empresas muy competitivas a nivel mundial, no ha tenido más remedio que recortar los sueldos de los empleados de Fagor y Eroski para poder mantener el mismo nivel de empleo. Esto es posible en una cooperativa. En las empresas privadas se hace de otra forma: se despide a personal fijo más costoso para contratar mano de obra más barata o simplemente no sustituir el puesto.

En la Administración, sin embargo, ya puede haber la mayor de las crisis, que eso no impide que se mantengan las plantillas e incluso, ELA mediante, se suban los sueldos. Estoy convencido de que hay de todo: funcionarios que ganan poco pese a realizar trabajos muy duros y otros que no dan ni golpe y reciben estipendios millonarios. Pero a veces nos quedamos con esa anécdota del conductor de autobús que ingresa más que un ingeniero de la Y vasca. Y eso no sienta bien.

A un emprendedor, y los cooperativistas del Grupo Mondragón lo son, esto le suena a chiste. Por no decir indignante. Esta crisis podría haber servido para hacer un ajuste, como se está haciendo en todo el sector privado, pero lamentablemente vamos a dejar pasar la oportunidad. En su lugar, parece que se subirán los impuestos para hacer frente al déficit y poder seguir pagando lo mismo a los funcionarios. Y esto es un gran error estratégico, que pagaremos a largo plazo.

¿Qué creo que habría que hacer? Tengo la sensación de que el sistema de oposición (o concurso de méritos, como se le suele llamar formalmente) y puesto para toda la vida de los funcionarios se ha quedado anticuado. No sólo porque genera poca productividad, sino también porque está plagado de excepciones. No hay más que ver el sinfín de sociedades públicas que hacen labores de la Administración pero con reglas del sector privado, incluidas las que tienen que ver con la contratación y gestión de los recursos humanos.

Los gobiernos, diputaciones y ayuntamientos deberían funcionar igual que las empresas o bien nutrirse de voluntarios, más o menos forzosos, como sucedía antiguamente con la famosa “mili”. Es decir, que todos tengamos que pasar en uno u otro momento de nuestra vida por la Administración y cederle una parte de nuestro tiempo.

En aquellos casos en que hace falta personal permanente, se debería contratar por sistemas de méritos más sencillos que los actuales. Es absurdo que alguien tenga que encerrarse meses o años para aprobar una oposición. Esto elimina de por sí a muchas personas que podrían ser perfectamente válidas para realizar esa labor.

Donde se debe trabajar mucho más es en la fiscalización de estas contrataciones, probablemente con un sistema de tribunal popular, y con un control constante. Esto supondría terminar con lo del funcionario para toda la vida. Entre otras cosas, porque hoy las cosas cambian demasiado rápido. Además, habría que crear un sistema de incentivos para que los sueldos dependan, tanto positiva como negativamente, de la productividad de cada persona.

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