Después de las inundaciones de este fin de semana, las peores en 25 años, cabe pensar para qué nos dotamos de una agencia vasca de metereología si no es capaz de avisarnos. En vez de una tarde y noche de sábado lloviendo sin parar anunció para “lloverá de forma débil e intermitente a lo largo de todo el día, y podrían registrarse tormentas” y en vez de una lluviosa mañana de domingo, “el domingo lloverá débilmente, especialmente durante la tarde”. Eso sí, en nuestros informativos tenemos el toque vasco de rigor y no la hasta entonces obligada referencia al Instituto Nacional de Metereología español.

Qué peligro tienen los simbolismos y el tener una “soberanía metereológica” es uno de ellos… como si la ciencia y las nubes supieran de fronteras. Sobre todo es fácil si disparas con pólvora del rey (con perdón), o sea, con dinero de todos. Por ejemplo, en el radar del Kapildui se invirtieron cinco millones de euros para una torre de 58 metros de altura que tiene un alcance de 500 kilómetro. Pues parece que no fue capaz de prever unas lluvias como las del pasado fin de semana, de hasta 100 litros por metro cuadrado, con decenas de miles de vecinos afectados.

Una consecuencia de todo ello es que no había alerta de lluvias y los efectivos de emergencia no estaban preparados para la que cayó. Tampoco los avisos a los vecinos fueron lo ágiles que pudieran haber sido.

Otro aspecto en el que habrá que pedir responsabilidades es el de la limpieza y mantenimiento del cauce. No puede ser un río Gobela en Getxo con un embudo a la altura del puente bajo la calle Salsidu y el Instituto Getxo I, así como la cantidad de maleza que frenaba el agua facilitando su embalsamiento. Los vecinos se preguntaban si aquello no se había solucionado tras las inundaciones de 83. El problema es que igual no se ha hecho nada relevante en esos 25 años y así nos va el tema: miles de euros y horas de nuestros dirigentes dedicadas a decenas de cosas peregrinas y no a algo tan básico como que no se te inunde la casa o negocio.

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