El BBVA ha rechazado la readmisión de un ex etarra arrepentido que había solicitado su reincorporación en la empresa. Lo cierto es que el banco tiene todo el derecho del mundo a hacerlo, pues así está previsto en la legislación laboral cuando se ha producido una condena firme, pero es un caso que merece una mínima reflexión.

Creo que nunca volvería a contratar a una persona que haya pasado por la cárcel por un delito común. ¿Se merece otra oportunidad? Sí, pero mejor que no sea conmigo. Simplemente, no me terminaría de fiar nunca y no hay que olvidar que un contrato laboral es casi peor que uno matrimonial.

Pero con una persona a la que su ideología le ha llevado a cometer un delito, tendría muchas más dudas. Sobre todo, si está arrepentido. Creo que su motivación va a ser muy superior a la de cualquier otro trabajador. Y eso es lo fundamental en empresas que trabajan con conocimiento (y un banco lo es).

Cada día valoro más a las personas que se comprometen con un proyecto, porque a la larga son las que más aportan. Y está claro que una persona que ha militado en una organización de cualquier tipo (incluso una terrorista) tiene una disposición inicial a aportar, al margen del sueldo, que es lo único que motiva a los trabajadores más mediocres.

Esto en lo que se refiere a los aspectos prácticos, que son los que más influyen en las decisiones empresariales. También hay que tener en cuenta los humanitarios. Si valoramos positivamente que los terroristas se arrepientan e incluso pidan perdón a las víctimas, lo lógico es que les ayudemos a encontrar un sitio en esta sociedad.

Por lo tanto, considero que el BBVA, como cualquier otra empresa española tiene una obligación moral de echar una mano, en la medida de sus posibilidades, a esta persona. Incluso aunque se diera el caso de que una de las posibles víctimas fuera un ex consejero de la entidad financiera, como parece que quedó prabado. La venganza no nos lleva nunca a ningún sitio.

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